Elementos para una TEORÍA DEL ENTUSIASMO

La cara oculta de RAYUELA. Por Jorge Fraga

8 de junio de 2026

Los tres grandes secretos de Rayuela

 

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Introducción

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Si oídas melodías son dulces,

mas lo son las no oídas;

sonad por eso, tiernas zampoñas,

no para los sentidos, sino más exquisitas,

tocad para el espíritu canciones silenciosas


John Keats, «A una urna griega»

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Voy a exponer hoy los principales componentes de la cara oculta de Rayuela, como nunca se ha hecho hasta ahora. Esto es: al completo, y ordenados de menor a mayor, según la concepción original de Cortázar. Se trata, en particular, de tres elementos complejos –tres conglomerados, podríamos decir– que el escritor argentino escondió en el trasfondo oculto de su libro, como si fueran acertijos, enigmas o adivinanzas, de los que el lector activo debía, primeramente, percatarse de su existencia, para ponerse después a buscarlos, y finalmente aprehenderlos, si se daba el caso, en su justa y debida dimensión. Así lo expresó el autor en el capítulo 79 de su libro (las cursivas son mías):

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le da como una fachada, con puertas y ventanas detrás de las cuales se está operando un misterio que el lector cómplice deberá buscar (de ahí la complicidad) y quizá no encontrará (de ahí el copadecimiento)

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Por cuanto Cortázar no solamente los ocultó en su momento, sino que además no se refirió abiertamente a ninguno de ellos (de forma indirecta sí, y en el caso del tercero, con abundancia) ni mientras escribía el libro, ni al momento de publicarlo, ni en los veintiún años que sobrevivió a su publicación, cabe tildarlos entonces, propiamente, de secretos. Bajo tal condición cumplen un cometido muy preciso dentro de la economía de sentido del libro, sometiéndose a lo que constituye su propósito principal: llevar al lector activo y cómplice a un cambio de nivel de conciencia. A un état second, como diría el propio Cortázar. O a una ruptura de nivel, como diría Mircea Eliade.

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De ahí viene, precisamente, que el autor argentino declarase en el capítulo 97, con respecto al lector activo, que «algo de lo que escribo debería contribuir a mutarlo, a desplazarlo, a extrañarlo, a enajenarlo». Entre los tres secretos mencionados y ese propósito final hay una relación de causa-efecto: las implicaciones cognitivas y emocionales asociadas con el apercibimiento, la búsqueda y el final hallazgo de los elementos ocultos constituían –de hecho, constituyen todavía, como veremos– las condiciones de posibilidad de ese sismo cognitivo que Cortázar quería provocar en su lector. Y así, la particular disposición de esos elementos, ordenados de menor a mayor, viene a construir una escalera con tres peldaños que conducen directamente hasta otro nivel de la realidad.

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Huelga decir que la visión común del libro no ha comprendido aún –o lo ha hecho muy deficitariamente– el propósito principal del libro; esto se debe, principalmente, a que ni tan solo ha cumplimentado la fase inicial del recorrido, es decir, la mera advertencia de la existencia de lo oculto. Se trata de una extraña ceguera, tanto más inexplicable por cuanto ninguno de esos elementos, a día de hoy, continúa como secreto. En efecto, todos ellos han sido señalados y discutidos abiertamente, y desde hace ya tiempo: el primero de ellos, desde un remoto 1986; el segundo, desde un antiguo 2003; y el tercero, desde un ya menos lejano 2010. Los dos primeros fueron plenamente desvelados; el tercero, por su parte, solamente ha sido apuntado, sin llegar a desvelar lo más esencial, con lo cual permanece abierta la posibilidad, como quería Cortázar, de que lectores venideros puedan descubrirlo por sí mismos.

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Así pues, procedo a exponer los tres secretos. Y lo haré de una manera sucinta, limitándome a señalar únicamente las principales circunstancias que los hacen reconocibles; no es necesario más, pues en este mismo blog ya se le ha dedicado a cada uno de ellos –sobre todo al tercero– una amplia y profunda atención. El lector que quiera ahondar más en cualquier aspecto del asunto puede luego navegar por este mismo blog, guiándose por el Índice de artículos, el Archivo y las Palabras clave.

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Primer secreto: la reescritura de Galdós

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En 1986, apenas dos años después de la muerte de Cortázar, apareció un sorprendente artículo en los Anales Galdosianos titulado «Cgoarltdaozsar: el Galdós intercalado en Cortázar de Rayuela». Lo firmaba un tal Randolph F. Pope, un galdosista norteamericano. El hecho de que fuera un galdosista puede quizás explicar por qué los cortazaristas le han hecho tan poco caso: seguramente no debió gustarles que un extraño, a la sazón advenedizo, descubriera en Rayuela algo tan sumamente notable, que ellos no habían logrado detectar.

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La cosa parte del capítulo 34 de Rayuela: recordemos que ahí nos encontramos con una particular disposición de las líneas, con las impares reproduciendo el inicio de un texto de Benito Pérez Galdós, y las pares transcribiendo el monólogo interior de Horacio mientras lee dicho texto. Por lo visto, Pope fue el primero a quien se le ocurrió ir más allá del marco del propio capítulo 34, para ponerse a comparar el texto entero de esa novela de Galdós en particular –Lo prohibido– con el texto entero del primer libro de Rayuela. Y lo que halló fue una más que notable cantidad de similitudes, paralelismos, analogías y coincidencias entre ambas obras: unas semejanzas (este sería el término de conjunto) que conciernen a distintos niveles de ambas obras, empezando por la entera estructura argumental, pasando por la precisa caracterización de ciertos personajes, y hasta llegar a algunas situaciones muy concretas. Veamos solamente unos pocos ejemplos.

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En lo referente a las estructuras, ambas obras se dividen en dos partes: en la primera, el protagonista –un varón de cuarenta años– sostiene una relación amorosa con una mujer, que al final desaparece; en la segunda parte, se siente atraído por una segunda mujer, que le recuerda poderosamente a la primera, hasta el punto de confundirlas a ratos.

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En cuanto a semejanzas de detalle, comprobamos que algunas de las situaciones que parecieran más idiosincráticas de Rayuela y de la imaginación cortazariana tienen en realidad su precedente en la novela de Galdós. Por ejemplo, el juego de encuentros fortuitos entre Horacio y la Maga por las calles de París es un remedo de un juego homologable entre José María, el protagonista de Lo prohibido, y la segunda mujer, Camila, por las calles de Madrid. O también, la amarga muerte de Rocamadour en Rayuela, producida en el contexto de una reunión, y mantenida en secreto por los asistentes, y que está inspirada en la final agonía del marido de Eloísa, producida en el transcurso de la cena-tertulia que se celebra cada jueves en su casa.

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Curiosamente, pese a establecer una gran cantidad de paralelismos, Pope dejó de percibir la que quizá sea la semejanza más flagrante de todas: muchos años más tarde –en 2010–, una investigadora llamada María Ángel Pardo publicó un artículo titulado «Galdós y Cortázar enderezando clavos», en el cual señala para ambas obras una misma acción (el arreglo de unos clavos torcidos), descrita con un mismo verbo («enderezar»), localizada en un mismo contexto (con la segunda mujer atrapada entre su marido y el protagonista), y ubicada en el mismo momento estructural del relato (a principios de la segunda parte).

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Con estos pocos datos basta: para abundar más en las semejanzas entre Lo prohibido y Rayuela remito al lector a los artículos citados de Pope y de Pardo, junto con la entrada de mi blog fechada en diciembre de 2010 y titulada «El affaire Galdós». Lo único que nos importa ahora de todo el asunto son los dos puntos siguientes, y su corolario:

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Primero: que la relación entre ambas obras es incontestable. El término no es exagerado: ahí están no solamente las semejanzas señaladas por Pope y Pardo, demasiado abundantes y concluyentes como para negarlas, sino también el punto de partida para ambos, el capítulo 34 de Rayuela, con esa intercalación de líneas que actúa como indicio, pista o señal de lo que ocurre, simultáneamente, a un nivel más amplio.

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Y segundo: que Cortázar no dijo abiertamente nada, con respecto a dicha relación, ni mientras escribía el libro, ni al momento de publicarlo, ni en los veintiún años que sobrevivió a su publicación. Y no se puede decir que no tuviera ocasión para ello. Se trata, por lo tanto, de un sigilo deliberado y consciente, sostenido perpetuamente para preservar la condición oculta del asunto.

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Corolario: la reescritura de Lo prohibido en el primer libro de Rayuela (pues de eso se trata, de una reescritura, aunque ni Pope ni Pardo llegaran nunca a utilizar este término) es uno de los grandes secretos de Rayuela. El primero –y el menor– de sus secretos.

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Segundo secreto: la reescritura de Novalis

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En el año 2003 apareció en los Cuadernos Hispanoamericanos, núm. 634, un artículo titulado «El otro autor de Rayuela», firmado por un tal Pere Canal Vila, advenedizo como Pope, pero con aún menos referencias. En ese escrito de apenas seis páginas, el autor señalaba una más que notable cantidad de similitudes, paralelismos, analogías y coincidencias entre el segundo libro de Rayuela y diversos aspectos de la obra del escritor alemán Friedrich von Hardenberg, más conocido como Novalis. Se trataba nuevamente, pues, de un gran conjunto de semejanzas entre el libro de Cortázar y una obra preexistente, y que nuevamente concernían a distintos niveles de ambas obras; pero ahora con un alcance mucho mayor que en el caso de Galdós, pues la conexión implica la totalidad de Rayuela, y no solamente al primer libro.

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La sorprendente tesis desplegada por Canal tuvo aún menos repercusión que la ofrecida por Pope, y seguramente por las mismas razones. Con todo, algunos años más tarde –en 2009– el propio investigador catalán amplió sus indagaciones, reafirmando su tesis original, y aportando nuevos datos y perspectivas que le conferían aún mayor solidez; el resultado de ese trabajo, con su amplio despliegue de datos, fue divulgado en este mismo blog en julio de 2024, en una serie de nueve entregas titulada «La conexión Rayuela/Novalis».

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Tal como señala Canal, la relación entre Rayuela y Hardenberg, como en el caso de Galdós, consiste también en una reescritura; pero hay diferencias significativas entre ambos casos, que van más allá del distinto alcance textual. Para empezar, cabe decir que la reescritura de Galdós es una reescritura reactiva; es decir, que Cortázar toma al escritor español como modelo negativo, para invertir una concepción literaria que detesta; en cambio, la reescritura de Novalis es adherente, es decir, que denota una profunda afinidad y un reconocimiento positivo del escritor alemán y de su obra por parte de Cortázar. Otra gran diferencia es que esta otra reescritura no implica únicamente dos obras, como en el caso de Lo prohibido, sino que incluye diversos aspectos del corpus novalisiano. Concretamente, los cuatro siguientes:

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1) El Ofterdingen. El componente novelesco de Rayuela es una reescritura de la más célebre novela de Novalis, titulada Heinrich von Ofterdingen. Las semejanzas entre ambos argumentos, como en el caso de Galdós, atañen a diversos niveles de ambas obras, desde la estructura argumental general (que viene a ser nuevamente la misma: dos partes, etc.), pasando por la caracterización de algunos personajes (sobre todo la de los dos varones protagonistas, que además comparten las mismas iniciales, H. y O.), para llegar también a situaciones muy concretas (nuevamente, la percepción de que la segunda mujer sea una reencarnación de la primera), a todo lo cual cabe añadir también el carácter inacabado de las dos obras (el bucle final de Rayuela, entre los capítulos 131 y 58, es el modo cortazariano de dejar inacabado su libro, tal como sucede, por otras razones, con el Ofterdingen). Se desprende de aquí, lógicamente, que Cortázar captó las semejanzas entre Lo prohibido y el Ofterdingen, y que concibió la novela que hay en Rayuela como una reescritura de ambos libros a la vez.

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2) La reacción al Wilhelm Meister. Si Cortázar reescribe Lo prohibido de Galdós en Rayuela, y con signo reactivo, es porque previamente Novalis reescribió el Meister de Goethe, también con signo reactivo, en el Ofterdingen. En el contexto del primer libro de Rayuela, la reescritura reactiva de Lo prohibido es un hecho autónomo, pero en el contexto del segundo libro queda enmarcado en la reescritura más amplia de Novalis. Dicho de otro modo: el escritor argentino reescribe a Galdós porque está reescribiendo a Novalis. Se trata de una regla de tres, en la que quedan implicados los cuatro escritores con sus respectivas cuatro obras: el Meister de Goethe es al Ofterdingen de Novalis lo que Lo prohibido de Galdós es a Rayuela de Cortázar.

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3) Los Fragmente literarios. Los «capítulos prescindibles» de Rayuela en que se expone la teoría literaria de Morelli (es decir, la teoría literaria de la que emerge, precisamente, el propio libro de Rayuela) son una reescritura de los célebres Fragmente de Novalis, en los cuales –en un subconjunto de los mismos– se expone la teoría literaria del escritor alemán (de la cual emerge, precisamente, el Ofterdingen). Tal como señala Canal, las morellianas y los Fragmente novalisianos referidos a la teoría literaria comparten diversas características: una misma forma fragmentaria; una misma poética; un mismo carácter programático; y finalmente, también una misma recopilación y ordenamiento póstumos por parte de amigos de uno y otro escritor.

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Y 4) La Enzyklopädie. Los «capítulos prescindibles» de Rayuela formados por citas de otros autores o por artículos sacados de periódicos y revistas, así como el vasto conjunto de referencias a todo tipo de personajes, obras o acontecimientos que pueblan el texto entero del libro, son una reescritura de otro subconjunto de los Fragmente del escritor alemán, a saber, el relacionado con su proyecto de una enciclopedia. Cortázar tomó este proyecto y lo reescribió bajo el mismo principio polar de la simpatía implementado por Novalis; y así, por un lado está el polo «romántico» (para Novalis) o «antropofánico» (para Cortázar), con los ítems que serían afines a ambos autores; y por el otro el polo «clásico» (para Novalis) o de la «Gran Costumbre» (para Cortázar), con los ítems que ambos rechazarían, con Goethe y Galdós a la cabeza.

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También aquí, junto a las semejanzas, hay un indicio, una señal específica por parte de Cortázar, dentro de Rayuela, que corrobora la cuestión, tal como sucedía con el capítulo 34 para el caso de Galdós: se trata del capítulo 60, donde se da a entender que en Rayuela falta un nombre, cuya mención explícita se hace innecesaria por cuanto sería «demasiado obvio como para citarlo». Novalis es sin duda alguna el mejor candidato posible para ocupar esa plaza, por delante de cualquier otra posibilidad, tal como tanto su nombre como el de cualquiera de sus obras están ausentes –«escamoteados», como dice Canal– del texto de Rayuela, y tal como su «obviedad» está asegurada por las cuatro grandes semejanzas arriba expuestas. Pero en esta ocasión hay además otra confirmación por parte de Cortázar, ahora fuera de Rayuela: el fragmento titulado «Morelliana siempre», incluido en La Vuelta al día en ochenta mundos, y donde Cortázar manifiesta –indirectamente, metafóricamente, alusivamente– su profundo acknowledgement con respecto a Novalis.

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En todo caso: lo que más nos importa ahora son los dos puntos siguientes, y su corolario:

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Primero: que la relación entre ambos corpus textuales es incontestable. No solamente están las semejanzas señaladas por Canal, demasiado abundantes y concluyentes como para negarlas: ahí están, además, el capítulo 60 de Rayuela, y la morelliana de La vuelta…

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Y segundo: que Cortázar no dijo abiertamente nada con respecto a la cuestión, ni mientras escribía el libro, ni al momento de publicarlo, ni en los veintiún años que sobrevivió a su publicación. Nuevamente, un sigilo deliberado y consciente, sostenido  para preservar perpetuamente la condición oculta del asunto.

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Corolario: la reescritura de Novalis en el segundo libro de Rayuela es otro de los grandes secretos de Rayuela. El segundo.

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Tercer secreto: el libro oculto

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El 8 de junio de 2010 –es decir, hace exactamente dieciséis años–, un tercer advenedizo para añadir a la lista, llamado Jorge Fraga –un servidor– colgó la primera entrada de este blog, la Teoría del Entusiasmo, consagrado enteramente a la cara oculta de Rayuela, y principalmente al tercero de sus secretos: a saber, el libro oculto. Es esta caso no se trata ya de ninguna reescritura, sino de un auténtico original –¡un inédito!– de Cortázar.

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Asimismo, en esta ocasión las características cognitivas son muy distintas de los dos casos anteriores. Para decirlo de algún modo, si los dos primeros secretos de Rayuela tienen la condición de enigmas, el tercero constituye más bien un misterio, con un carácter singular que cabe tildar, sin reparos, de paranormal. El tercer peldaño hacia el état second es sin duda el más insólito y audaz de todos, y constituye a la sazón el sistema de auto-validación que permite corroborar que se ha llegado al destino: y es que si uno es capaz de leer el libro oculto es porque ya se ha mutado, desplazado, extrañado, enajenado, tal como quería Cortázar.

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Pero dejemos que sea el propio Cortázar quien nos introduzca debidamente a este nuevo elemento. El 30 de mayo de 1960 nuestro hombre escribía lo siguiente en una carta a Jean Barnabé:

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Esto [es decir, Rayuela] ha sido en general enfocado como lo hizo Wilkie Collins en The Moonstone, es decir, un mismo episodio «visto» por varios testigos, que lo van contando cada uno a su manera. Pero yo creo ir un poco más lejos porque no cambio de testigo, sino que le hago repetir el episodio... y sale distinto

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Prácticamente la misma idea aparece plasmada también en el Manuscrito de Austin, de este otro modo:

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Eso [nuevamente, Rayuela] va mucho más / allá de los trucos a la manera de [un] Wilkie Collins en The Moonstone, porque lo que Morelli quiere decir, me parece, es que se trata de una sola y única escena, que hay que componer como las tricromías, superponiendo las planchas y los colores

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¿Por qué razón compara Cortázar Rayuela con La piedra lunar? ¿Por dónde, de qué modo, en qué sentido se repite en Rayuela el relato de un único episodio, tal como sucede, en efecto, en la hermosa novela de Wilkie Collins? Aparentemente, esta aserción no tiene ningún sentido: como cualquier lector de Rayuela sabe, la peripecia de Horacio por París y Buenos Aires sigue la secuencia cronológica normal, hasta el final, sin que aparezca por ahí repetición alguna.

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Lo que ocurre es que Cortázar, de forma excepcional, no está hablando aquí del libro manifiesto de Rayuela, sino del libro oculto. Se trata de un libro completamente distinto, que se esconde por detrás y a través de la peripecia de Horacio Oliveira, y que está estructurado, como La piedra lunar, en la forma de una repetición diversa de un único episodio: de una sola y única escena, a la que Cortázar define, en esa misma carta a Barnabé, como «una locura». Dicho de otro modo: la suite de Horacio por París y Buenos Aires es en realidad una vasta, compleja y asombrosa metáfora, que en el fondo trata sobre una insólita experiencia que le aconteció al escritor argentino en su vida real, y que él relata subrepticiamente en la forma de un tema con variaciones (aunque sin el tema).

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La carta a Bernabé y el apunte del Manuscrito fueron escritos cuando Cortázar aún estaba midiendo qué decir y qué no con respecto al proyecto literario que había concebido: un libro con elementos ocultos, con secretos, que cierto tipo de lector iba a tener que buscar y encontrar, para llegar a experimentar un état second. Los paratextos del libro (el Manuscrito de Austin y el Cuaderno de Bitácora) permiten comprobar que el escritor terminó borrando (cfr., en este blog, la sección «Borrados») ciertas declaraciones que le parecieron demasiado explícitas y directas acerca de los elementos ocultos, y que finalmente se inclinó por una reserva que casi podría calificarse de hermetismo. La mención a Collins fue precisamente uno de esos borrados.

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De este modo, lo único que dejó Cortázar en la versión definitiva de Rayuela para indicar la existencia del libro oculto fueron los intercesores. Se trata de los numerosos indicios, pistas, señales o adivinanzas que el escritor distribuyó por todo el texto (y en sus paratextos, y en las cartas, y en obras posteriores) y que apuntan, cada uno por separado y todos ellos en conjunto, a la existencia de lo que se esconde bajo la superficie. Por ejemplo, lo que escribió en el capítulo 97:

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Allí donde debería haber una despedida hay un dibujo en la pared; en vez de un grito, una caña de pescar; una muerte se resuelve en un trío para mandolinas. Y eso es despedida, grito y muerte, pero, ¿quién está dispuesto a desplazarse, a desaforarse, a descentrarse, a descubrirse?

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O lo que proclamó en el cap. 109:

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El libro debía ser como esos dibujos que proponen los psicólogos de la Gestalt, y así ciertas líneas inducirían al observador a trazar imaginativamente las que cerraban la figura. Pero a veces las líneas ausentes eran las más importantes, las únicas que realmente contaban

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O lo que declaró en el cap. 79 del Manuscrito:

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Escribir las antinovelas que empiecen por iluminar a quien escribe, y después al lector capaz de saltar de la flaca anécdota a las aguas primordiales, donde lo esperan nuevos ojos, nuevas manos y nuevos amores

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Ahí van tres. Díganme: ¿cuántos más de estos intercesores considerarían ustedes necesarios, repitiendo una y otra vez la misma idea, para que el lector activo llegara a percibir el mensaje? ¿Cinco intercesores? Cinco quizá sean pocos. ¿Diez? Diez ya parecen bastantes. ¿Veinte? Esta cifra tendría sin duda un potente valor probatorio, ¿no les parece? Por mi parte, un día me propuse hacer el inventario exhaustivo de todos los intercesores existentes, y llegué a contar... hasta setenta y cinco.

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¡75 intercesores! ¡75 indicios apuntando hacia el libro oculto! 50 de ellos solamente en Rayuela, y los otros 25 repartidos entre el Manuscrito, el Cuaderno, la correspondencia, La vuelta al día… y, también, el relato Los pasos en las huellas. Usted puede consultar el conjunto de los 75, si lo desea, en la entrada titulada «Intercesores, segunda recapitulación», colgada el 1 de abril de 2017. Aunque ahí no están todos; al llegar a esa cifra desistí de mi propósito, y dejé otros muchos intercesores en el tintero, para uso y disfrute de los lectores venideros.

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En todo caso: lo que ahora nos importa son los dos puntos de rigor, con su correspondiente corolario:

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Primero: que los intercesores son una prueba prácticamente incontestable de la existencia del libro oculto. En este caso se asume que no es incontestable del todo, pues si el secreto no se debe desvelar del todo, tampoco se puede demostrar del todo. No obstante, para compensar, a ello le agrego mi propia experiencia de lectura, con un claro valor testimonial: en efecto, yo he leído Rayuela como el relato repetido de una peculiar situación experimentada por Cortázar. Y aunque eso se dio con mi imaginación encendida, como tenía que ser, por el entusiasmo, no fue sin embargo ninguna entelequia; en este sentido, los intercesores y mi experiencia de lectura se apoyan y se confirman mutuamente.

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Y segundo: que  Cortázar, por supuesto, no dijo abiertamente nada, con respecto al libro oculto de Rayuela, ni mientras escribía el libro, ni al momento de publicarlo, ni en los veintiún años que sobrevivió a su publicación. Más allá de las numerosísimas pero evasivas– pistas que nos dejó, Cortázar se calló con esto, tal como hizo con lo de Galdós y con lo de Novalis: es decir, como un bellaco, y hasta la tumba.

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Corolario: el libro oculto es el tercer secreto de Rayuela, el último, el mayor, y el más misterioso. Y, también, el único que aún permanece como tal, para fortuna de cualquier otro lector activo y cómplice de la obra.

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Coda final

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Los datos son más que abundantes; los argumentos, contundentes; las evidencias, palmarias. Resulta obvio que los tres grandes secretos de Rayuela desbordan con creces el marco común de comprensión de la obra, y lo ponen en evidencia. No hay otra opción: si de veras quieren comprender a fondo ese texto, quítense de una vez las gafas de leer novelas, y pónganse las de leer libros iniciáticos. Lo he dicho muchas veces en el pasado, lo vuelvo a decir ahora, y lo repetiré hasta que siga siendo necesario: Rayuela no es una novela; es una rampa de lanzamiento hacia el état second.

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Únicamente la Teoría del Entusiasmo, con la atención que prodiga a los elementos ocultos de la mayor obra de Cortázar, ha sabido dar cuenta hasta ahora, a contra-corriente de la visión común, de su parte más valiosa e importante. Y solamente cuando esta perspectiva sea aceptada y compartida por la entera comunidad receptora de Rayuela podrá aquilatarse debidamente el lugar que esta insólito creación merece en la historia de la literatura y del pensamiento universales. Esta aquilatación está aún por hacer: la sanción definitiva sobre los méritos del escritor argentino debe basarse en sus auténticos logros, y no en la limitada e incompleta visión que se tiene de ella hasta el momento, y que es propia tan solo de una determinada época.

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Definitivamente, hay que reconsiderar a Cortázar.

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29 de septiembre de 2024

Apócrifas morellianas (31)

 

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Mi obra se dirige a unos pocos; esperaré sin impaciencias a que surja este pequeño grupo de personas cuya disposición de espíritu, que no es la ordinaria, les capacite para comprenderla

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Arthur Schopenhauer

Prólogo a El mundo como voluntad y representación

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6 de septiembre de 2024

Apócrifas morellianas (30)

 

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No pongo en duda que en Occidente se producen también experiencias de satori, pues entre nosotros también existen personas que olfatean fines últimos y no omiten ningún esfuerzo con tal de aproximarse a ellos. Pero todas ellas guardarán silencio sobre su experiencia, y no solo por recato, sino porque saben que todo intento de comunicarla está condenada al fracaso

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Carl Gustav Jung

Prólogo a La Gran Liberación, de D. T. Suzuki

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28 de julio de 2024

La conexión Rayuela/Novalis (9 y final)

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En abril de 2003, en el núm. 634 de los Cuadernos Hispanoamericanos, apareció «El otro autor de Rayuela»: en ese escrito de apenas seis páginas, un tal Pere Canal Vila aventuraba la hipótesis, primero, de que el mayor libro de Cortázar presentaba una estrecha e intima conexión con la obra de Friedrich von Hardenberg, Novalis; y segundo, que esta conexión había sido deliberadamente ocultada en el libro. Se trataría, por lo tanto, de un «escamoteo», concebido por el escritor argentino como un reto lanzado a su lector cómplice, una de cuyas atribuciones sería, precisamente, descubrir esa ausencia.

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Desde su publicación en 2003, la doble hipótesis de Canal por lo menos hasta donde yo sé no ha tenido ninguna repercusión entre la crítica de Rayuela. Yo mismo, pese a estar al corriente, no me he referido nunca al asunto. Y sin embargo, para la Teoría del Entusiasmo, no cabe duda de que nos sitúa ante una de las estructuras ocultas de Rayuela: de hecho, la figura de Novalis y su ausencia del texto explícito de la obra son parte fundamental de esas estructuras. No, no se trata del libro oculto; de esto otro, Pere Canal no dice nada, y cabría entender que no ha llegado aún a descubrirlo. No obstante, sí nos entrega la llave que permite llegar ahí. 

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Dicho de otro modo: Novalis es condición necesaria, pero no suficiente, para acceder al libro oculto. Si no nos habíamos referido anteriormente a este importante asunto, tal como se ha dicho, era por dos razones. En primer lugar, porque Pere Canal, a nuestro juicio, había cometido un error al hablar abiertamente de ello. Si Cortázar se calló con respecto a la presencia de von Hardenberg en Rayuela (y sobre tantas otras cosas) fue por un motivo muy claro; para que el lector cómplice lo descubriera por sí mismo. Ya he hablado de ese necesario silencio en diversas ocasiones, y yo mismo he tratado de respetarlo al máximo, hablando únicamente de aquello que el propio Cortázar llegó a decir, y callándome el resto.

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La segunda razón radicaba en que el artículo, pese a sus numerosos aciertos, no ofrecía una argumentación lo suficientemente sólida; claramente, el alcance de la cuestión demandaba un estudio más completo y detallado, más allá de las seis páginas en que consistía ese artículo.

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Con todo, el propio Canal debió ser consciente de esto último: en el año 2009 convirtió la misma conexión entre Rayuela y Novalis en el objeto de una «Tesina» universitaria, que habría permanecido inédita hasta hace unos pocos meses (febrero/marzo de 2024), cuando el autor decidió publicarla, en su idioma catalán original, en su blog titulado «Les 3 taronges» (https://3taronges.blogspot.com/)

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Esta «Tesina» académica, ahora sí, presenta una argumentación sólida y bien razonada. En ella se plantea la conexión Rayuela/Novalis, muy acertadamente, en términos de una «reescritura analógica». Al publicarla él en su blog, por cierto, deja sin efecto mis anteriores reticencias: por un lado, ya no tiene ningún sentido seguir callando respecto a lo que otro, por dos veces ya, ha expresado abiertamente; y por el otro lado, el asunto está ahora perfectamente expuesto. Así pues, me he decidido a reproducir aquí, con permiso expreso del propio Pere Canal, el estudio por él realizado.

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A pesar de su notable extensión, me ha parecido innecesario traducir el texto: al ser muy cercano a nuestro español, el catalán no debería presentar mayores dificultades que las que ofrecen textos en francés o inglés, que igualmente he publicado siempre en su forma original.

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El estudio se divide en tres partes principales, divididas a su vez en diversas secciones:

INTRODUCCIÓN

I. LAS SEMEJANZAS RAYUELA/NOVALIS (Rayuela y el Ofterdingen  / Los escritos teóricos

II. NOVALIS EN LA OBRA DE CORTÁZAR (De 1946 a 1952 / De 1952 a 1967 / A partir de 1967)

III. EL ESCAMOTEO DE NOVALIS EN RAYUELA (Análisis del cap. 60 / Los otros capítulos)

CONCLUSIÓN

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De Pere Canal:

SOBRE RAYUELA Y NOVALIS

Conclusión

(en catalán)

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Conclusions

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–Pero parecería que algo habla, algo nos utiliza para hablar. ¿No tenés esa sensación? ¿No te parece que estamos como habitados? Quiero decir... es difícil realmente

Rayuela, cap. 45

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Les semblances entre Rayuela i Novalis; l'evolució de la visió de Novalis en la trajectòria vital de l'autor argentí; la possibilitat de l'escamoteig del novel·lista més important per a Cortázar: les tres línies argumentals desplegades en aquest treball es solidaritzen en benefici de la nostra hipòtesi: Rayuela és tot ell una reescriptura analògica de la figura de Novalis en tant que novel·lista i teòric de la novel·la.

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Tal com hem plantejat en algun moment, tot aquest assumpte hauria nascut de la trobada de Cortázar amb una edició crítica de l’Ofterdingen: una trobada que podríem situar a París en algun moment de la dècada dels 50. Una trobada que es dóna quan Cortázar és ja un escriptor madur, motiu pel qual podem prescindir de la qüestió de les influències i entendre que Cortázar es vincula amb l'obra de l'escriptor alemany en virtut d'un possible fenomen d'identificació. Una identificació per la qual aquelles relacions monàdiques que hem descrit al seu moment –segons les quals algunes de les semblances de Rayuela amb Novalis també poden veure's com semblances de Cortázar amb si mateix no es presenten com un contra-argument per a la nostra hipòtesi, sinó com una prova convergent amb la mateixa.

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Un cop contemplats els nostres arguments, creiem possible reconstruir, com en un relat, els termes d'aquesta trobada:

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1 Quan Cortázar viatja a París és possible que porti amb ell el projecte d'una nova novel·la, que superi en ambició i en resultats la seva primera temptativa, poc aconseguida, en aquest gènere (El examen, escrita a mitjans dels 50 però no publicada fins al 1986). En els seus escrits teòrics sobre la novel·la ja ha perfilat algunes línies mestres d'aquest projecte, línies que casen amb una certa tradició que entronca el romanticisme amb el surrealisme i l'existencialisme. Malgrat certes fites destacades (Joyce, Broch, Arlt, etcètera), Cortázar troba a faltar la definitiva plasmació novel·lesca d’uns principis compositius i existencials que ell troba encarnats emblemàticament en poetes com Rimbaud, Lautréamont i Keats, en pintors com Picasso o Duchamp, o en músics com Alban Berg i Schoenberg. Aquestes principis es poden reduir a dos: d'una banda, la necessitat de crear una novel·la que trenqui amb les convencions del gènere, oposant-se a una concepció doblement esclerotitzant de la literatura i de l'esperit humà (cfr. Teoría del túnel); i de l'altra, el recurs massiu als pressupostos del llenguatge poètic per tal de dotar a la nova novel·la de l'expressivitat necessària per a superar aquella esclerotització (cfr. “Situación de la novela”).

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2– Sumit en les reflexions sobre aquest projecte, de cop cau a les seves mans una novel·la que ell no coneixia, o que en tot cas només coneixia vagament i d'anomenada: el Heinrich von Ofterdingen, de Novalis, un autor que ell tenia per poeta del més elevat rang, i que precisament encarna en aquesta novel·la, de forma paradigmàtica, la mateixa narrativa que Cortázar preconitzava. D'aquesta manera, aquesta obra de principis del segle XIX se li presenta no només com a precursora de les millors novel·les que ha trobat en el seu propi temps, sinó també, i sobretot, com una realització del seu propi projecte autoral, com una encarnació d'allò que ell mateix pretenia com a novel·lista. I encara més: aquesta obra se li presenta, podríem dir, com un misteri, com si una voluntat desconeguda hagués volgut que l'Ofterdingen li passés absolutament desapercebut durant els anys de la seva formació, durant les seves incomptables lectures, durant els mateixos anys en que ell dibuixava i perfilava el projecte d'una novel·la que volia ser com la que ara té a les mans, escrita cent cinquanta anys enrere. Novalis se li presenta a Cortázar com el novel·lista que ell mateix volia ser: l’argentí s’identifica amb Novalis, novel·lista, pensador i poeta, al veure’l immers en la seva mateixa recerca espiritual a través de la paraula i a través, en particular, de la novel·la. Aquesta identificació constitueix per a ell el ferment que anima la nova concepció del seu projecte: la seva propera novel·la serà una revalidació (paraula que el propi Cortázar subratlla al capítol de La vuelta…) de l'obra de Novalis i una reflexió sobre aquesta troballa.


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Aquest podrien haver estat els fets, reconstruïts a partir de la lectura que nosaltres hem fet de Rayuela. Però allò que constitueix un dels nuclis principals de la qüestió, que seria la voluntat de l’escriptor de guardar silenci sobre el tema, esdevé un obstacle insuperable per a anar més enllà i afirmar alguna cosa amb total certesa. L'únic cert que tenim, en el fons, són les semblantes i l'afinitat de Rayuela amb Novalis.

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Acabem amb aquestes paraules de Traveler, dirigides a Talita, al capítol 44 de Rayuela, en les quals hi escamotegem, imitant Cortázar, la identitat final del “missatger” (les cursives són nostres):

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No es por H..., amor, no es solamente por H... aunque él haya llegado como una especie de mensajero. A lo mejor si no hubiera llegado me habría ocurrido una cosa parecida. Habría leído algún libro desencadenador, o me habría enamorado de otra mujer... Esos pliegos de la vida, comprendés, esas inesperadas mostraciones de algo que uno no se había sospechado y que de pronto ponen todo en crisis. Tendrías que comprender.

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27 de julio de 2024

La conexión Rayuela/Novalis (8 de 9)

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En abril de 2003, en el núm. 634 de los Cuadernos Hispanoamericanos, apareció «El otro autor de Rayuela»: en ese escrito de apenas seis páginas, un tal Pere Canal Vila aventuraba la hipótesis, primero, de que el mayor libro de Cortázar presentaba una estrecha e intima conexión con la obra de Friedrich von Hardenberg, Novalis; y segundo, que esta conexión había sido deliberadamente ocultada en el libro. Se trataría, por lo tanto, de un «escamoteo», concebido por el escritor argentino como un reto lanzado a su lector cómplice, una de cuyas atribuciones sería, precisamente, descubrir esa ausencia.

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Desde su publicación en 2003, la doble hipótesis de Canal por lo menos hasta donde yo sé no ha tenido ninguna repercusión entre la crítica de Rayuela. Yo mismo, pese a estar al corriente, no me he referido nunca al asunto. Y sin embargo, para la Teoría del Entusiasmo, no cabe duda de que nos sitúa ante una de las estructuras ocultas de Rayuela: de hecho, la figura de Novalis y su ausencia del texto explícito de la obra son parte fundamental de esas estructuras. No, no se trata del libro oculto; de esto otro, Pere Canal no dice nada, y cabría entender que no ha llegado aún a descubrirlo. No obstante, sí nos entrega la llave que permite llegar ahí. 

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Dicho de otro modo: Novalis es condición necesaria, pero no suficiente, para acceder al libro oculto. Si no nos habíamos referido anteriormente a este importante asunto, tal como se ha dicho, era por dos razones. En primer lugar, porque Pere Canal, a nuestro juicio, había cometido un error al hablar abiertamente de ello. Si Cortázar se calló con respecto a la presencia de von Hardenberg en Rayuela (y sobre tantas otras cosas) fue por un motivo muy claro; para que el lector cómplice lo descubriera por sí mismo. Ya he hablado de ese necesario silencio en diversas ocasiones, y yo mismo he tratado de respetarlo al máximo, hablando únicamente de aquello que el propio Cortázar llegó a decir, y callándome el resto.

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La segunda razón radicaba en que el artículo, pese a sus numerosos aciertos, no ofrecía una argumentación lo suficientemente sólida; claramente, el alcance de la cuestión demandaba un estudio más completo y detallado, más allá de las seis páginas en que consistía ese artículo.

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Con todo, el propio Canal debió ser consciente de esto último: en el año 2009 convirtió la misma conexión entre Rayuela y Novalis en el objeto de una «Tesina» universitaria, que habría permanecido inédita hasta hace unos pocos meses (febrero/marzo de 2024), cuando el autor decidió publicarla, en su idioma catalán original, en su blog titulado «Les 3 taronges» (https://3taronges.blogspot.com/)

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Esta «Tesina» académica, ahora sí, presenta una argumentación sólida y bien razonada. En ella se plantea la conexión Rayuela/Novalis, muy acertadamente, en términos de una «reescritura analógica». Al publicarla él en su blog, por cierto, deja sin efecto mis anteriores reticencias: por un lado, ya no tiene ningún sentido seguir callando respecto a lo que otro, por dos veces ya, ha expresado abiertamente; y por el otro lado, el asunto está ahora perfectamente expuesto. Así pues, me he decidido a reproducir aquí, con permiso expreso del propio Pere Canal, el estudio por él realizado.

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A pesar de su notable extensión, me ha parecido innecesario traducir el texto: al ser muy cercano a nuestro español, el catalán no debería presentar mayores dificultades que las que ofrecen textos en francés o inglés, que igualmente he publicado siempre en su forma original.

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El estudio se divide en tres partes principales, divididas a su vez en diversas secciones:

INTRODUCCIÓN

I. LAS SEMEJANZAS RAYUELA/NOVALIS (Rayuela y el Ofterdingen  / Los escritos teóricos

II. NOVALIS EN LA OBRA DE CORTÁZAR (De 1946 a 1952 / De 1952 a 1967 / A partir de 1967)

III. EL ESCAMOTEO DE NOVALIS EN RAYUELA (Análisis del cap. 60 / Los otros capítulos)

CONCLUSIÓN

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De Pere Canal:

SOBRE RAYUELA Y NOVALIS

Parte III: El escamoteo de Novalis en Rayuela

2ª sección: Los otros capítulos

(en catalán)

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L'escamoteig: Els altres capítols

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Com ja es va dir l’altre dia, de tots els passatges que farien referència a l’absència d’un nom dins de Rayuela –a l’omissió, en particular, del novel·lista més important per a Cortázar–, el capítol 60 és el que planteja la qüestió de manera més clara i explícita; i tot i així ja es van veure les dificultats que suposa treure’n alguna cosa en clar.

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Els altres capítols que veurem ara plantegen el tema de formes encara més esbiaixades, més enigmàtiques i ambigües.; si no fos pel capítol 60, segurament no podríem interpretar-los en el sentit que ens interessa. O, millor dit, en els dos sentits que ens interessen; perquè allò que vam anomenar l’«enigma de Rayuela» presenta en realitat dos perfils diferenciats: d’una banda, l’escamoteig, l’absència nominal efectiva, tant de l’autor en qüestió com de la seva obra; i juntament amb això, de l’altra banda, el caràcter «massa obvi» d’aquest autor i aquesta obra, és a dir, que l’un i l’altra estarien presents en el text de Cortázar d’una forma implícita, íntimament mesclats amb ell, fins al punt de confondre-s’hi. Tot seguit presentarem aquells passatges de Rayuela que semblen insistir en un o altre perfils de la qüestió; el més freqüent és trobar-los plegats, però en ocasions els trobem per separat.

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Comencem pel breu capítol 137:

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Morelliana

Si el volumen o el tono de la obra pueden llevar a creer que el autor intentó una suma, apresurarse a señalarle que está ante la tentativa contraria, la de una resta implacable [Rayuela, cap. 137, p. 434 de l’edició d’Archivos. La cursiva en l’original]

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El sentit d’aquest frase, al nostre entendre, resulta prou clar. D’una banda, aquesta «suma» a la qual es fa referència és una al·lusió minimalista a la llarga acumulació de cites i referències a autors i obres que farceixen de punta a punta el text de Rayuela s a dir, a allò que nosaltres hem anomenat, per analogia amb l’obra de Novalis, l’«enciclopèdia» de Rayuela). De l’altra banda, el fet que aquesta aparent «suma» sigui, en el fons, una «resta implacable», apunta al fet que l’esmentat conjunt de cites només és en realitat un marc, un context dissenyat exclusivament per a fer prominent, en el seu si, l’absència d’un únic i solitari nom. Així doncs, parafrasejant la frase des del nostre punt de vista, podríem re-formular-la així: Si el volum i el to de Rayuela poden portar a pensar que l’autor va voler retre homenatge als autors i obres que reverenciava, alhora que assenyalava també els que detestava, correguem a assenyalar-li que es troba justament davant la temptativa contrària: la de destacar, única i exclusivament, per damunt de tots els altres, la figura i l’obra de Novalis.

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Al capítol 66, al seu torn, hi trobem novament la idea d’una acumulació, novament vinculada al caràcter enciclopèdic de l’obra, i novament acusant una absència:

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Facetas de Morelli, su lado Bouvard et Pécuchet, su lado compilador de almanaque literario (en algún momento llama «Almanaque» a la suma de su obra). (...) Proyecta uno de los muchos finales de su libro inconcluso, y deja una maqueta. La página contiene una sola frase: «En el fondo sabía que no se puede ir más allá porque no lo hay.» La frase se repite a lo largo de toda la página, dando la impresión de un muro, de un impedimento. No hay puntos ni comas ni márgenes. De hecho un muro de palabras ilustrando el sentido de la frase, el choque contra una barrera detrás de la cual no hay nada. Pero hacia abajo y a la derecha, en una de las frases falta la palabra lo. Un ojo sensible descubre el hueco entre los ladrillos, la luz que pasa [cap. 66, p. 303]

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D’alguna manera, dóna la impressió que aquest capítol 66 vingui a ser una glossa del capítol 60: allà on se’ns donava llavors una llista de noms, se’ns parla aquí d’una mateixa frase que es repeteix; si allà la llista s’acabava en un sospitós «y otros» rera el qual s’amagava el nom de Novalis, aquí se’ns diu que en un racó hi falta la paraula «lo». Per cert: en el capítol 60, aquell «y otros» que amaga el nom de Novalis està precisament cap avall i a la dreta del paràgraf. Entès així el capítol 66, la referència a «un ojo sensible» seria llavors com una instrucció al lector, que li indicaria la necessitat de llegir Rayuela d’una forma especialment minuciosa i atenta; i d’aquesta manera, la qüestió sencera de l’escamoteig estaria directament vinculada a aquella requisitòria d’un lector actiu que subjaceix a tota l’escriptura de Rayuela.

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Aquesta mateixa requisitòria la trobem en el capítol 79:

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la novela cómica debe ser de un pudor ejemplar; no engaña al lector, (...) sino que le da algo así como una arcilla significativa, un comienzo de modelado, con huellas de algo que quizá sea colectivo, humano y no individual. Mejor, le da como una fachada, con puertas y ventanas detrás de las cuales se está operando un misterio que el lector cómplice deberá buscar (de ahí la complicidad) [cap. 79, p. 327]

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Aquí, la referència a portes i finestres pot estar adreçant-se justament als capítols que estem analitzant aquí; és a dir, a aquells segments de Rayuela que deixen entreveure la lògica de l’escamoteig i de la reescriptura analògica.

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El següent extracte del capítol 109 seria una altra d’aquestes portes o finestres; les idees que hi apareixen són exactament les mateixes que estem considerant aquí, formulades amb un altre to, amb unes altres paraules. Les cursives són nostres: amb elles hem volgut assenyalar tots aquells termes que contribueixen a mantenir l’enigma dins d’un marc continu d’ambigüitat i inaprehensibilitat; en aquest sentit, l’al·lusió a «la coqueteria i petulància» de Morelli semblen indicar una especial delectació de Cortázar en la forma lúdica i esquiva amb què ens presenta la qüestió:

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Los puentes entre una y otra instancia de esas vidas tan vagas y poco caracterizadas, debía presumirlos o inventarlos el lector (...) El libro debía ser como esos dibujos que proponen los psicólogos de la Gestalt, y así ciertas líneas inducirían al observador a trazar imaginativamente las que cerraban la figura. Pero a veces las líneas ausentes eran las más importantes, las únicas que realmente contaban. La coquetería y la petulancia de Morelli en este terreno no tenían límite.

Leyendo el libro, se tenía por momentos la impresión de que Morelli había esperado que la acumulación de fragmentos cristalizara bruscamente en una realidad total. Sin tener que inventar los puentes, o coser los diferentes pedazos del tapiz, que de golpe hubiera ciudad, hubiera tapiz, hubiera hombres y mujeres en la perspectiva absoluta de su devenir, y que Morelli, el autor, fuese el primer espectador maravillado de ese mundo que ingresaba en la coherencia.

Pero no había que fiarse, porque coherencia quería decir en el fondo asimilación al espacio y al tiempo, ordenación a gusto del lector-hembra. Morelli no hubiera consentido en eso, más bien parecía buscar una cristalización que, sin alterar el desorden en que circulaban los cuerpos de su pequeño sistema planetario, permitiera la comprensión ubicua y total de sus razones de ser, fueran éstas el desorden mismo, la inanidad o la gratuidad. Una cristalización en la que nada quedara subsumido, pero donde un ojo lúcido pudiese asomarse al calidoscopio y entender la gran rosa polícroma, entenderla como una figura, imago mundis que por fuera del calidoscopio se resolvía en living room de estilo provenzal, o concierto de tías tomando té con galletitas Bagley [cap. 109, pp. 386-387]

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A la llum de la nostra hipòtesi, aquesta al·lusió a unes «líneas ausentes» que en realitat són «las más importantes» no necessita comentari. I pel que fa a les referències repetides a una «cristal·lització» il·luminadora, al nostre entendre s’estan fent ressò del caràcter «massa obvi» de l’autor escamotejat.

El capítol 19 ens subministra una nova perspectiva de la qüestió, novament amb un canvi de to i de paraules. Aquesta vegada s’aporta la suggerent idea d’una perspectiva anamòrfica:

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Ando por una enorme pieza con piso de baldosas y una de esas baldosas es el punto exacto en que debería pararme para que todo se ordenara en su justa perspectiva. «El punto exacto», enfatizó Oliveira, ya medio tomándose el pelo para estar más seguro de que no se iba en puras palabras. «Un cuadro anamórfico en el que hay que buscar el ángulo justo (y lo importante de este hejemplo es que el hángulo es terriblemente hagudo, hay que tener la nariz casi hadosada a la tela para que de golpe el montón de rayas sin sentido se convierta en el retrato de Francisco I, o en la batalla de Sinigaglia, algo hincalificablemente asombroso)» Pero esa unidad, la suma de todos los actos que define una vida, parecía negarse a toda manifestación antes de que la vida misma se acabara como un mate lavado, es decir, que sólo los demás, los biógrafos, verían la unidad, y eso realmente no tenía la menor importancia para Oliveira [cap. 19, p. 75]

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Resulta oportú assenyalar que, al Manuscrit d’Austin, en aquest mateix segment del capítol 19 s’hi afegia la següent frase:

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/Situar un centro y que ese centro fuese a semejanza del de Dios, o sea que estuviese en todas partes siendo siempre el centro y la circunferencia de ninguna, completó Oliveira, «Pero yo soy más bien la circunferencia, che; del centro no se ve ni una plumita»/ [p. 75]

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En aquests darrers extractes s’hi destaca la idea que l’absència en qüestió es pot recuperar a través d’un reconeixement operat sobre el text mateix de Rayuela; en certa mesura, se’ns ve a dir que el propi text del llibre, si se’l llegeix de la manera adequada, manifestarà inequívocament la identitat d’aquest autor absent.

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A aquestes alçades queda ja perfectament clar que Cortázar no vol dir el nom de l’autor absent; l’únic que vol fer es mostrar-lo. I la manera de mostrar-lo és, precisament, el propi text de Rayuela. Aquesta idea de la mostració escollida per davant de l’explicitació la trobem expressament manifestada al cap. 9, amb la particularitat que aquest cop la idea està expressada per un dels personatges; això és un exemple del fet que Morelli es troba al darrera de tota l’obra, en tot moment, com a autor de la mateixa:

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Explicar, explicar –gruñía Etienne–. Ustedes si no nombran las cosas ni siquiera las ven. Y esto se llama perro y esto se llama casa, como decía el de Duino. Perico, hay que mostrar, no explicar. Pinto, ergo soy.

¿Mostrar qué? –dijo Perico Romero.

Las únicas justificaciones de que estemos vivos.

Este animal cree que no hay más sentido que la vista y sus consecuencias –dijo Perico.

La pintura es otra cosa que un producto visual –dijo Etienne–.Yo pinto con todo el cuerpo, en ese sentido no soy tan diferente de tu Cervantes o tu Tirso de no sé cuánto. Lo que me revienta es la manía de las explicaciones, el Logos entendido exclusivamente como verbo [cap. 9, p. 39]

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En aquest mateix capítol, al Manuscrit:

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/se impone un orden que no sea al mismo tiempo una resolución rigurosa. La pintura no tiene que aludir ni sugerir. La pintura muestra el todo a cualquiera que sea capaz de verlo [p. 40]

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En aquest capítol 9, com en molts altres de Rayuela, Cortázar està utilitzant la remissió a un altre mode d'expressió (aquí, la pintura) per tal de donar claus de la pròpia escriptura de Rayuela. Això és una clara plasmació de la naturalesa analògica que anima l'enciclopèdia. Ja abans hem vist que «El libro debía ser como esos dibujos que proponen los psicólogos de la Gestalt» (cap. 109). I al cap. 66: «Le gustaría dibujar ciertas ideas, pero es incapaz de hacerlo» (p. 303). En el fons, això són formes de referir-se a l'ècfrasi: i és que Cortázar utilitza la pintura, l'escultura, el jazz, o la música clàssica com a «procediments ecfràstics», per dir-ho així, per a parlar de la seva pròpia obra. Cal concloure que l'analogisme no és tan sols la manera d'accedir a la identitat del nom escamotejat sinó també la manera de llegir Rayuela:

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Lo único claro en todo lo que ha escrito el viejo es que si seguimos utilizando el lenguaje en su clave corriente, con sus finalidades corrientes, nos moriremos sin haber sabido el verdadero nombre del día [cap. 99, p. 363]

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¿Cómo contar sin cocina, sin maquillaje, sin guiñadas de ojo al lector? Tal vez renunciando al supuesto de que una narración es una obra de arte. Sentirla como sentiríamos el yeso que vertemos sobre un rostro para hacerle una mascarilla. Pero el rostro debería ser el nuestro [cap. 116, p. 396]

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En un altre capítol, el 71, Cortázar utilitza novament un procediment analògic, aquest cop acudint al món de la química, per a formular un altre cop l’existència a Rayuela d’un enigma que s’ha de resoldre mitjançant la intervenció activa del lector:

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Puede ser que haya otro mundo dentro de éste, pero no lo encontraremos recortando su silueta en el tumulto fabuloso de los días y las vidas, no lo encontraremos en la atrofia ni en la hipertrofia. Ese mundo no existe, hay que crearlo como el fénix. Ese mundo existe en éste, pero como el agua existe en el oxígeno y el hidrógeno, o como en las páginas 78, 457, 3, 271, 688, 75 y 456 del diccionario de la Academia Española está lo necesario para escribir un cierto endecasílabo de Garcilaso. Digamos que el mundo es una figura, hay que leerla. Por leerla entendemos generarla. ¿A quién le importa un diccionario por el diccionario mismo? [cap. 71, p. 310]

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Als capítols 86, 102 i 141, alhora que es tornen a formular les idees que ja hem vist, sembla com si Cortázar estigués reflexionant sobre la dificultat suprema del joc que està proposant:

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Los del Club, con dos excepciones, sostenían que era más fácil entender a Morelli por sus citas que por sus meandros personales. Wong insistió (...) que no valía la pena seguir molestándose en champolliozar las rosettas del viejo, una vez localizadas las dos citas siguientes de Pauwels y Bergier:

Quizá haya un lugar en el hombre desde donde pueda percibirse la realidad entera. Esta hipótesis parece delirante. Auguste Comte declaraba que jamás se conocería la composición química de una estrella. Al año siguiente, Bunsen inventaba el espectroscopio.” [cap. 86, p. 337]

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Sumamente hormiga, Wong acabó por descubrir en la biblioteca de Morelli un ejemplar dedicado de Die Vervirrungen des Zöglings Törless, de Musil, con el siguiente pasaje enérgicamente subrayado:

¿Cuáles son las cosas que me parecen extrañas? Las más triviales. Sobre todo, los objetos inanimados. ¿Qué es lo que parece extraño en ellos? Algo que no conozco. ¡Pero es justamente eso! ¿De dónde diablos saco esa noción de «algo»? Siento que está ahí, que existe. Produce en mí un efecto, como si tratara de hablar. Me exaspero, como quien se esfuerza por leer en unos labios torcidos de un paralítico, sin conseguirlo. Es como si tuviera un sentido adicional, uno más que los otros, pero que no se ha desarrollado del todo, un sentido que está ahí y se hace notar, pero que no funciona. Para mí el mundo está lleno de voces silenciosas. ¿Significa eso que soy un vidente, o que tengo alucinaciones? (cap. 102, p. 375)

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Un mundo suntuosamente orquestado se resolvía, para los olfatos finos, en la nada; pero el misterio empezaba allí porque al mismo tiempo que se presentía el nihilismo total de la obra, una intuición más demorada podía sospechar que no era ésa la intención de Morelli, que la autodestrucción virtual en cada fragmento del libro era como la búsqueda del metal noble en plena ganga. Aquí había que detenerse, por miedo de equivocar las puertas y pasarse de listo. Las alusiones de Morelli a la inversión de los signos, a un mundo visto con otras y desde otras dimensiones, como preparación inevitable a una visión más pura (y todo eso en un pasaje resplandecientemente escrito, y a la vez sospechoso de burla, de helada ironía frente al espejo) los exasperaba al tenderles la percha de una casi esperanza, de una justificación, pero negándoles a la vez la seguridad total, manteniéndolos en una ambigüedad insoportable [cap. 141, pp. 440-441]

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Abans hem vist, a propòsit d’Etienne, que Morelli s’amaga a vegades darrera dels personatges de l’obra; en últim terme, això remet a l’ocultació de Novalis darrere de tota mena de màscares, remetent ja sigui a la seva absència, ja sigui a la seva fusió intrínseca amb el text. Ara, per finalitzar ja aquest apartat, volem mostrar que aquesta ocultació/mostració de Novalis al darrere d’una màscara es fa també a través d’altres autors, d’autors reals i històrics, als quals cal comptar com a continuadors de la tradició romàntico-vanguardista prefigurada i iniciada, segons vam veure, pel mateix Novalis. En aquesta línia hauríem comptar-hi l’anterior cita de Robert Musil del capítol 102, i afegir-hi també les següents cites de Jean Tardieu (cap. 152, p. 456), i d’Anaïs Nin (cap. 110, p. 388):

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Esta casa en que vivo se asemeja en todo a la mía: disposición de las habitaciones, olor del vestíbulo, muebles, luz oblicua por la mañana, atenuada a mediodía, solapada por la tarde; todo es igual, incluso los senderos y los árboles del jardín, y esa vieja puerta semiderruida y los adquines del patio (...) ¡Pero no vayan a pretender que soy yo!¡Vamos! Todo es falso aquí. Cuando me hayan devuelto mi casa y mi vida, entonces encontraré mi verdadero rostro.

Jean Tardieu

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El sueño estaba compuesto como una torre formada por capas sin fin que se alzaran y se perdieran en el infinito, o bajaran en círculos perdiéndose en las entrañas de la tierra. Cuando me arrastró en sus ondas la espiral comenzó, y esa espiral era un laberinto. No había ni techo ni fondo, ni paredes ni regreso. Pero había temas que se repetían con exactitud.

Anaïs Nin, Winter of Artifice

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