Elementos para una TEORÍA DEL ENTUSIASMO

La cara oculta de RAYUELA. Por Jorge Fraga

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8 de junio de 2026

Los tres grandes secretos de Rayuela

 

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Introducción

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Si oídas melodías son dulces,

mas lo son las no oídas;

sonad por eso, tiernas zampoñas,

no para los sentidos, sino más exquisitas,

tocad para el espíritu canciones silenciosas


John Keats, «A una urna griega»

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Voy a exponer hoy los principales componentes de la cara oculta de Rayuela, como nunca se ha hecho hasta ahora. Esto es: al completo, y ordenados de menor a mayor, según la concepción original de Cortázar. Se trata, en particular, de tres elementos complejos –tres conglomerados, podríamos decir– que el escritor argentino escondió en el trasfondo oculto de su libro, como si fueran acertijos, enigmas o adivinanzas, de los que el lector activo debía, primeramente, percatarse de su existencia, para ponerse después a buscarlos, y finalmente aprehenderlos, si se daba el caso, en su justa y debida dimensión. Así lo expresó el autor en el capítulo 79 de su libro (las cursivas son mías):

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le da como una fachada, con puertas y ventanas detrás de las cuales se está operando un misterio que el lector cómplice deberá buscar (de ahí la complicidad) y quizá no encontrará (de ahí el copadecimiento)

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Por cuanto Cortázar no solamente los ocultó en su momento, sino que además no se refirió abiertamente a ninguno de ellos (de forma indirecta sí, y en el caso del tercero, con abundancia) ni mientras escribía el libro, ni al momento de publicarlo, ni en los veintiún años que sobrevivió a su publicación, cabe tildarlos entonces, propiamente, de secretos. Bajo tal condición cumplen un cometido muy preciso dentro de la economía de sentido del libro, sometiéndose a lo que constituye su propósito principal: llevar al lector activo y cómplice a un cambio de nivel de conciencia. A un état second, como diría el propio Cortázar. O a una ruptura de nivel, como diría Mircea Eliade.

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De ahí viene, precisamente, que el autor argentino declarase en el capítulo 97, con respecto al lector activo, que «algo de lo que escribo debería contribuir a mutarlo, a desplazarlo, a extrañarlo, a enajenarlo». Entre los tres secretos mencionados y ese propósito final hay una relación de causa-efecto: las implicaciones cognitivas y emocionales asociadas con el apercibimiento, la búsqueda y el final hallazgo de los elementos ocultos constituían –de hecho, constituyen todavía, como veremos– las condiciones de posibilidad de ese sismo cognitivo que Cortázar quería provocar en su lector. Y así, la particular disposición de esos elementos, ordenados de menor a mayor, viene a construir una escalera con tres peldaños que conducen directamente hasta otro nivel de la realidad.

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Huelga decir que la visión común del libro no ha comprendido aún –o lo ha hecho muy deficitariamente– el propósito principal del libro; esto se debe, principalmente, a que ni tan solo ha cumplimentado la fase inicial del recorrido, es decir, la mera advertencia de la existencia de lo oculto. Se trata de una extraña ceguera, tanto más inexplicable por cuanto ninguno de esos elementos, a día de hoy, continúa como secreto. En efecto, todos ellos han sido señalados y discutidos abiertamente, y desde hace ya tiempo: el primero de ellos, desde un remoto 1986; el segundo, desde un antiguo 2003; y el tercero, desde un ya menos lejano 2010. Los dos primeros fueron plenamente desvelados; el tercero, por su parte, solamente ha sido apuntado, sin llegar a desvelar lo más esencial, con lo cual permanece abierta la posibilidad, como quería Cortázar, de que lectores venideros puedan descubrirlo por sí mismos.

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Así pues, procedo a exponer los tres secretos. Y lo haré de una manera sucinta, limitándome a señalar únicamente las principales circunstancias que los hacen reconocibles; no es necesario más, pues en este mismo blog ya se le ha dedicado a cada uno de ellos –sobre todo al tercero– una amplia y profunda atención. El lector que quiera ahondar más en cualquier aspecto del asunto puede luego navegar por este mismo blog, guiándose por el Índice de artículos, el Archivo y las Palabras clave.

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Primer secreto: la reescritura de Galdós

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En 1986, apenas dos años después de la muerte de Cortázar, apareció un sorprendente artículo en los Anales Galdosianos titulado «Cgoarltdaozsar: el Galdós intercalado en Cortázar de Rayuela». Lo firmaba un tal Randolph F. Pope, un galdosista norteamericano. El hecho de que fuera un galdosista puede quizás explicar por qué los cortazaristas le han hecho tan poco caso: seguramente no debió gustarles que un extraño, a la sazón advenedizo, descubriera en Rayuela algo tan sumamente notable, que ellos no habían logrado detectar.

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La cosa parte del capítulo 34 de Rayuela: recordemos que ahí nos encontramos con una particular disposición de las líneas, con las impares reproduciendo el inicio de un texto de Benito Pérez Galdós, y las pares transcribiendo el monólogo interior de Horacio mientras lee dicho texto. Por lo visto, Pope fue el primero a quien se le ocurrió ir más allá del marco del propio capítulo 34, para ponerse a comparar el texto entero de esa novela de Galdós en particular –Lo prohibido– con el texto entero del primer libro de Rayuela. Y lo que halló fue una más que notable cantidad de similitudes, paralelismos, analogías y coincidencias entre ambas obras: unas semejanzas (este sería el término de conjunto) que conciernen a distintos niveles de ambas obras, empezando por la entera estructura argumental, pasando por la precisa caracterización de ciertos personajes, y hasta llegar a algunas situaciones muy concretas. Veamos solamente unos pocos ejemplos.

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En lo referente a las estructuras, ambas obras se dividen en dos partes: en la primera, el protagonista –un varón de cuarenta años– sostiene una relación amorosa con una mujer, que al final desaparece; en la segunda parte, se siente atraído por una segunda mujer, que le recuerda poderosamente a la primera, hasta el punto de confundirlas a ratos.

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En cuanto a semejanzas de detalle, comprobamos que algunas de las situaciones que parecieran más idiosincráticas de Rayuela y de la imaginación cortazariana tienen en realidad su precedente en la novela de Galdós. Por ejemplo, el juego de encuentros fortuitos entre Horacio y la Maga por las calles de París es un remedo de un juego homologable entre José María, el protagonista de Lo prohibido, y la segunda mujer, Camila, por las calles de Madrid. O también, la amarga muerte de Rocamadour en Rayuela, producida en el contexto de una reunión, y mantenida en secreto por los asistentes, y que está inspirada en la final agonía del marido de Eloísa, producida en el transcurso de la cena-tertulia que se celebra cada jueves en su casa.

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Curiosamente, pese a establecer una gran cantidad de paralelismos, Pope dejó de percibir la que quizá sea la semejanza más flagrante de todas: muchos años más tarde –en 2010–, una investigadora llamada María Ángel Pardo publicó un artículo titulado «Galdós y Cortázar enderezando clavos», en el cual señala para ambas obras una misma acción (el arreglo de unos clavos torcidos), descrita con un mismo verbo («enderezar»), localizada en un mismo contexto (con la segunda mujer atrapada entre su marido y el protagonista), y ubicada en el mismo momento estructural del relato (a principios de la segunda parte).

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Con estos pocos datos basta: para abundar más en las semejanzas entre Lo prohibido y Rayuela remito al lector a los artículos citados de Pope y de Pardo, junto con la entrada de mi blog fechada en diciembre de 2010 y titulada «El affaire Galdós». Lo único que nos importa ahora de todo el asunto son los dos puntos siguientes, y su corolario:

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Primero: que la relación entre ambas obras es incontestable. El término no es exagerado: ahí están no solamente las semejanzas señaladas por Pope y Pardo, demasiado abundantes y concluyentes como para negarlas, sino también el punto de partida para ambos, el capítulo 34 de Rayuela, con esa intercalación de líneas que actúa como indicio, pista o señal de lo que ocurre, simultáneamente, a un nivel más amplio.

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Y segundo: que Cortázar no dijo abiertamente nada, con respecto a dicha relación, ni mientras escribía el libro, ni al momento de publicarlo, ni en los veintiún años que sobrevivió a su publicación. Y no se puede decir que no tuviera ocasión para ello. Se trata, por lo tanto, de un sigilo deliberado y consciente, sostenido perpetuamente para preservar la condición oculta del asunto.

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Corolario: la reescritura de Lo prohibido en el primer libro de Rayuela (pues de eso se trata, de una reescritura, aunque ni Pope ni Pardo llegaran nunca a utilizar este término) es uno de los grandes secretos de Rayuela. El primero –y el menor– de sus secretos.

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Segundo secreto: la reescritura de Novalis

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En el año 2003 apareció en los Cuadernos Hispanoamericanos, núm. 634, un artículo titulado «El otro autor de Rayuela», firmado por un tal Pere Canal Vila, advenedizo como Pope, pero con aún menos referencias. En ese escrito de apenas seis páginas, el autor señalaba una más que notable cantidad de similitudes, paralelismos, analogías y coincidencias entre el segundo libro de Rayuela y diversos aspectos de la obra del escritor alemán Friedrich von Hardenberg, más conocido como Novalis. Se trataba nuevamente, pues, de un gran conjunto de semejanzas entre el libro de Cortázar y una obra preexistente, y que nuevamente concernían a distintos niveles de ambas obras; pero ahora con un alcance mucho mayor que en el caso de Galdós, pues la conexión implica la totalidad de Rayuela, y no solamente al primer libro.

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La sorprendente tesis desplegada por Canal tuvo aún menos repercusión que la ofrecida por Pope, y seguramente por las mismas razones. Con todo, algunos años más tarde –en 2009– el propio investigador catalán amplió sus indagaciones, reafirmando su tesis original, y aportando nuevos datos y perspectivas que le conferían aún mayor solidez; el resultado de ese trabajo, con su amplio despliegue de datos, fue divulgado en este mismo blog en julio de 2024, en una serie de nueve entregas titulada «La conexión Rayuela/Novalis».

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Tal como señala Canal, la relación entre Rayuela y Hardenberg, como en el caso de Galdós, consiste también en una reescritura; pero hay diferencias significativas entre ambos casos, que van más allá del distinto alcance textual. Para empezar, cabe decir que la reescritura de Galdós es una reescritura reactiva; es decir, que Cortázar toma al escritor español como modelo negativo, para invertir una concepción literaria que detesta; en cambio, la reescritura de Novalis es adherente, es decir, que denota una profunda afinidad y un reconocimiento positivo del escritor alemán y de su obra por parte de Cortázar. Otra gran diferencia es que esta otra reescritura no implica únicamente dos obras, como en el caso de Lo prohibido, sino que incluye diversos aspectos del corpus novalisiano. Concretamente, los cuatro siguientes:

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1) El Ofterdingen. El componente novelesco de Rayuela es una reescritura de la más célebre novela de Novalis, titulada Heinrich von Ofterdingen. Las semejanzas entre ambos argumentos, como en el caso de Galdós, atañen a diversos niveles de ambas obras, desde la estructura argumental general (que viene a ser nuevamente la misma: dos partes, etc.), pasando por la caracterización de algunos personajes (sobre todo la de los dos varones protagonistas, que además comparten las mismas iniciales, H. y O.), para llegar también a situaciones muy concretas (nuevamente, la percepción de que la segunda mujer sea una reencarnación de la primera), a todo lo cual cabe añadir también el carácter inacabado de las dos obras (el bucle final de Rayuela, entre los capítulos 131 y 58, es el modo cortazariano de dejar inacabado su libro, tal como sucede, por otras razones, con el Ofterdingen). Se desprende de aquí, lógicamente, que Cortázar captó las semejanzas entre Lo prohibido y el Ofterdingen, y que concibió la novela que hay en Rayuela como una reescritura de ambos libros a la vez.

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2) La reacción al Wilhelm Meister. Si Cortázar reescribe Lo prohibido de Galdós en Rayuela, y con signo reactivo, es porque previamente Novalis reescribió el Meister de Goethe, también con signo reactivo, en el Ofterdingen. En el contexto del primer libro de Rayuela, la reescritura reactiva de Lo prohibido es un hecho autónomo, pero en el contexto del segundo libro queda enmarcado en la reescritura más amplia de Novalis. Dicho de otro modo: el escritor argentino reescribe a Galdós porque está reescribiendo a Novalis. Se trata de una regla de tres, en la que quedan implicados los cuatro escritores con sus respectivas cuatro obras: el Meister de Goethe es al Ofterdingen de Novalis lo que Lo prohibido de Galdós es a Rayuela de Cortázar.

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3) Los Fragmente literarios. Los «capítulos prescindibles» de Rayuela en que se expone la teoría literaria de Morelli (es decir, la teoría literaria de la que emerge, precisamente, el propio libro de Rayuela) son una reescritura de los célebres Fragmente de Novalis, en los cuales –en un subconjunto de los mismos– se expone la teoría literaria del escritor alemán (de la cual emerge, precisamente, el Ofterdingen). Tal como señala Canal, las morellianas y los Fragmente novalisianos referidos a la teoría literaria comparten diversas características: una misma forma fragmentaria; una misma poética; un mismo carácter programático; y finalmente, también una misma recopilación y ordenamiento póstumos por parte de amigos de uno y otro escritor.

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Y 4) La Enzyklopädie. Los «capítulos prescindibles» de Rayuela formados por citas de otros autores o por artículos sacados de periódicos y revistas, así como el vasto conjunto de referencias a todo tipo de personajes, obras o acontecimientos que pueblan el texto entero del libro, son una reescritura de otro subconjunto de los Fragmente del escritor alemán, a saber, el relacionado con su proyecto de una enciclopedia. Cortázar tomó este proyecto y lo reescribió bajo el mismo principio polar de la simpatía implementado por Novalis; y así, por un lado está el polo «romántico» (para Novalis) o «antropofánico» (para Cortázar), con los ítems que serían afines a ambos autores; y por el otro el polo «clásico» (para Novalis) o de la «Gran Costumbre» (para Cortázar), con los ítems que ambos rechazarían, con Goethe y Galdós a la cabeza.

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También aquí, junto a las semejanzas, hay un indicio, una señal específica por parte de Cortázar, dentro de Rayuela, que corrobora la cuestión, tal como sucedía con el capítulo 34 para el caso de Galdós: se trata del capítulo 60, donde se da a entender que en Rayuela falta un nombre, cuya mención explícita se hace innecesaria por cuanto sería «demasiado obvio como para citarlo». Novalis es sin duda alguna el mejor candidato posible para ocupar esa plaza, por delante de cualquier otra posibilidad, tal como tanto su nombre como el de cualquiera de sus obras están ausentes –«escamoteados», como dice Canal– del texto de Rayuela, y tal como su «obviedad» está asegurada por las cuatro grandes semejanzas arriba expuestas. Pero en esta ocasión hay además otra confirmación por parte de Cortázar, ahora fuera de Rayuela: el fragmento titulado «Morelliana siempre», incluido en La Vuelta al día en ochenta mundos, y donde Cortázar manifiesta –indirectamente, metafóricamente, alusivamente– su profundo acknowledgement con respecto a Novalis.

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En todo caso: lo que más nos importa ahora son los dos puntos siguientes, y su corolario:

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Primero: que la relación entre ambos corpus textuales es incontestable. No solamente están las semejanzas señaladas por Canal, demasiado abundantes y concluyentes como para negarlas: ahí están, además, el capítulo 60 de Rayuela, y la morelliana de La vuelta…

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Y segundo: que Cortázar no dijo abiertamente nada con respecto a la cuestión, ni mientras escribía el libro, ni al momento de publicarlo, ni en los veintiún años que sobrevivió a su publicación. Nuevamente, un sigilo deliberado y consciente, sostenido  para preservar perpetuamente la condición oculta del asunto.

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Corolario: la reescritura de Novalis en el segundo libro de Rayuela es otro de los grandes secretos de Rayuela. El segundo.

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Tercer secreto: el libro oculto

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El 8 de junio de 2010 –es decir, hace exactamente dieciséis años–, un tercer advenedizo para añadir a la lista, llamado Jorge Fraga –un servidor– colgó la primera entrada de este blog, la Teoría del Entusiasmo, consagrado enteramente a la cara oculta de Rayuela, y principalmente al tercero de sus secretos: a saber, el libro oculto. Es esta caso no se trata ya de ninguna reescritura, sino de un auténtico original –¡un inédito!– de Cortázar.

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Asimismo, en esta ocasión las características cognitivas son muy distintas de los dos casos anteriores. Para decirlo de algún modo, si los dos primeros secretos de Rayuela tienen la condición de enigmas, el tercero constituye más bien un misterio, con un carácter singular que cabe tildar, sin reparos, de paranormal. El tercer peldaño hacia el état second es sin duda el más insólito y audaz de todos, y constituye a la sazón el sistema de auto-validación que permite corroborar que se ha llegado al destino: y es que si uno es capaz de leer el libro oculto es porque ya se ha mutado, desplazado, extrañado, enajenado, tal como quería Cortázar.

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Pero dejemos que sea el propio Cortázar quien nos introduzca debidamente a este nuevo elemento. El 30 de mayo de 1960 nuestro hombre escribía lo siguiente en una carta a Jean Barnabé:

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Esto [es decir, Rayuela] ha sido en general enfocado como lo hizo Wilkie Collins en The Moonstone, es decir, un mismo episodio «visto» por varios testigos, que lo van contando cada uno a su manera. Pero yo creo ir un poco más lejos porque no cambio de testigo, sino que le hago repetir el episodio... y sale distinto

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Prácticamente la misma idea aparece plasmada también en el Manuscrito de Austin, de este otro modo:

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Eso [nuevamente, Rayuela] va mucho más / allá de los trucos a la manera de [un] Wilkie Collins en The Moonstone, porque lo que Morelli quiere decir, me parece, es que se trata de una sola y única escena, que hay que componer como las tricromías, superponiendo las planchas y los colores

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¿Por qué razón compara Cortázar Rayuela con La piedra lunar? ¿Por dónde, de qué modo, en qué sentido se repite en Rayuela el relato de un único episodio, tal como sucede, en efecto, en la hermosa novela de Wilkie Collins? Aparentemente, esta aserción no tiene ningún sentido: como cualquier lector de Rayuela sabe, la peripecia de Horacio por París y Buenos Aires sigue la secuencia cronológica normal, hasta el final, sin que aparezca por ahí repetición alguna.

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Lo que ocurre es que Cortázar, de forma excepcional, no está hablando aquí del libro manifiesto de Rayuela, sino del libro oculto. Se trata de un libro completamente distinto, que se esconde por detrás y a través de la peripecia de Horacio Oliveira, y que está estructurado, como La piedra lunar, en la forma de una repetición diversa de un único episodio: de una sola y única escena, a la que Cortázar define, en esa misma carta a Barnabé, como «una locura». Dicho de otro modo: la suite de Horacio por París y Buenos Aires es en realidad una vasta, compleja y asombrosa metáfora, que en el fondo trata sobre una insólita experiencia que le aconteció al escritor argentino en su vida real, y que él relata subrepticiamente en la forma de un tema con variaciones (aunque sin el tema).

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La carta a Bernabé y el apunte del Manuscrito fueron escritos cuando Cortázar aún estaba midiendo qué decir y qué no con respecto al proyecto literario que había concebido: un libro con elementos ocultos, con secretos, que cierto tipo de lector iba a tener que buscar y encontrar, para llegar a experimentar un état second. Los paratextos del libro (el Manuscrito de Austin y el Cuaderno de Bitácora) permiten comprobar que el escritor terminó borrando (cfr., en este blog, la sección «Borrados») ciertas declaraciones que le parecieron demasiado explícitas y directas acerca de los elementos ocultos, y que finalmente se inclinó por una reserva que casi podría calificarse de hermetismo. La mención a Collins fue precisamente uno de esos borrados.

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De este modo, lo único que dejó Cortázar en la versión definitiva de Rayuela para indicar la existencia del libro oculto fueron los intercesores. Se trata de los numerosos indicios, pistas, señales o adivinanzas que el escritor distribuyó por todo el texto (y en sus paratextos, y en las cartas, y en obras posteriores) y que apuntan, cada uno por separado y todos ellos en conjunto, a la existencia de lo que se esconde bajo la superficie. Por ejemplo, lo que escribió en el capítulo 97:

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Allí donde debería haber una despedida hay un dibujo en la pared; en vez de un grito, una caña de pescar; una muerte se resuelve en un trío para mandolinas. Y eso es despedida, grito y muerte, pero, ¿quién está dispuesto a desplazarse, a desaforarse, a descentrarse, a descubrirse?

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O lo que proclamó en el cap. 109:

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El libro debía ser como esos dibujos que proponen los psicólogos de la Gestalt, y así ciertas líneas inducirían al observador a trazar imaginativamente las que cerraban la figura. Pero a veces las líneas ausentes eran las más importantes, las únicas que realmente contaban

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O lo que declaró en el cap. 79 del Manuscrito:

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Escribir las antinovelas que empiecen por iluminar a quien escribe, y después al lector capaz de saltar de la flaca anécdota a las aguas primordiales, donde lo esperan nuevos ojos, nuevas manos y nuevos amores

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Ahí van tres. Díganme: ¿cuántos más de estos intercesores considerarían ustedes necesarios, repitiendo una y otra vez la misma idea, para que el lector activo llegara a percibir el mensaje? ¿Cinco intercesores? Cinco quizá sean pocos. ¿Diez? Diez ya parecen bastantes. ¿Veinte? Esta cifra tendría sin duda un potente valor probatorio, ¿no les parece? Por mi parte, un día me propuse hacer el inventario exhaustivo de todos los intercesores existentes, y llegué a contar... hasta setenta y cinco.

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¡75 intercesores! ¡75 indicios apuntando hacia el libro oculto! 50 de ellos solamente en Rayuela, y los otros 25 repartidos entre el Manuscrito, el Cuaderno, la correspondencia, La vuelta al día… y, también, el relato Los pasos en las huellas. Usted puede consultar el conjunto de los 75, si lo desea, en la entrada titulada «Intercesores, segunda recapitulación», colgada el 1 de abril de 2017. Aunque ahí no están todos; al llegar a esa cifra desistí de mi propósito, y dejé otros muchos intercesores en el tintero, para uso y disfrute de los lectores venideros.

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En todo caso: lo que ahora nos importa son los dos puntos de rigor, con su correspondiente corolario:

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Primero: que los intercesores son una prueba prácticamente incontestable de la existencia del libro oculto. En este caso se asume que no es incontestable del todo, pues si el secreto no se debe desvelar del todo, tampoco se puede demostrar del todo. No obstante, para compensar, a ello le agrego mi propia experiencia de lectura, con un claro valor testimonial: en efecto, yo he leído Rayuela como el relato repetido de una peculiar situación experimentada por Cortázar. Y aunque eso se dio con mi imaginación encendida, como tenía que ser, por el entusiasmo, no fue sin embargo ninguna entelequia; en este sentido, los intercesores y mi experiencia de lectura se apoyan y se confirman mutuamente.

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Y segundo: que  Cortázar, por supuesto, no dijo abiertamente nada, con respecto al libro oculto de Rayuela, ni mientras escribía el libro, ni al momento de publicarlo, ni en los veintiún años que sobrevivió a su publicación. Más allá de las numerosísimas pero evasivas– pistas que nos dejó, Cortázar se calló con esto, tal como hizo con lo de Galdós y con lo de Novalis: es decir, como un bellaco, y hasta la tumba.

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Corolario: el libro oculto es el tercer secreto de Rayuela, el último, el mayor, y el más misterioso. Y, también, el único que aún permanece como tal, para fortuna de cualquier otro lector activo y cómplice de la obra.

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Coda final

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Los datos son más que abundantes; los argumentos, contundentes; las evidencias, palmarias. Resulta obvio que los tres grandes secretos de Rayuela desbordan con creces el marco común de comprensión de la obra, y lo ponen en evidencia. No hay otra opción: si de veras quieren comprender a fondo ese texto, quítense de una vez las gafas de leer novelas, y pónganse las de leer libros iniciáticos. Lo he dicho muchas veces en el pasado, lo vuelvo a decir ahora, y lo repetiré hasta que siga siendo necesario: Rayuela no es una novela; es una rampa de lanzamiento hacia el état second.

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Únicamente la Teoría del Entusiasmo, con la atención que prodiga a los elementos ocultos de la mayor obra de Cortázar, ha sabido dar cuenta hasta ahora, a contra-corriente de la visión común, de su parte más valiosa e importante. Y solamente cuando esta perspectiva sea aceptada y compartida por la entera comunidad receptora de Rayuela podrá aquilatarse debidamente el lugar que esta insólita creación merece en la historia de la literatura y del pensamiento universales. Esta aquilatación está aún por hacer: la sanción definitiva sobre los méritos del escritor argentino debe basarse en sus auténticos logros, y no en la limitada e incompleta visión que se tiene de ella hasta el momento, y que es propia tan solo de una determinada época.

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Definitivamente, hay que reconsiderar a Cortázar.

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11 de agosto de 2022

Intercesor número 76

 

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En su día –¡hace ya algunos años de ello!– me propuse realizar un listado exhaustivo de los intercesores que podemos encontrar ya sea en Rayuela, ya sea en sus paratextos, ya sea en otros escritos de Cortázar relacionados con su mayor obra. Al decir intercesores me refiero, por supuesto, a la acepción que tiene este término cortazariano para la Teoría del Entusiasmo, a saber: aquellos fragmentos en los que Cortázar declara, siempre en  beneficio de su lector cómplice, que su libro tiene un segundo texto escondido tras el texto superficial. Parafraseando uno de los ítems más destacados –procedente del capítulo 97 de Rayuela– podemos decir que los intercesores son las puertas y ventanas que comunican la fachada del edificio con el misterio que se esconde en su fondo. Finalmente no llegué a cumplir con el requisito de exhaustividad que yo mismo me había propuesto; en parte por cansancio, y en parte para darle a otros lectores la posibilidad de encontrar el resto, me detuve al llegar a 75 intercesores –una cantidad nada despreciable, por cierto–.

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Ha pasado el tiempo, y me veo impelido a reconocer que mis esfuerzos no han dado ningún resultado. A día de hoy, los lectores y analistas de Rayuela siguen estando tan ciegos como lo han estado siempre, desde 1963 hasta hoy. No importa lo que dice Rayuela, repitiéndolo innumerables veces; no importa lo que el autor pudo declarar, aunque fuera subrepticiamente, en su momento; no importa el material que se publicó después (correspondencia, paratextos, entrevistas…); y tampoco importan, finalmente, los cuantiosos artículos que dediqué yo durante años –sobre todo en este blog, pero también en otros lados–, insistiendo, repitiendo y demostrando siempre lo mismo, que Rayuela tiene un segundo texto escondido tras el texto superficial, y mostrando el qué, el cómo, el cuándo y el por qué.  Nada de eso importa: los receptores siguen mirando hacia otros lados, exprimiendo los exiguos frutos que su contumaz miopía ha logrado extraer de ese por otro lado espléndido y exuberante jardín. Sí: exiguos. Lo que la recepción de Rayuela ha extraído de ese libro son unos frutos definitivamente exiguos, por mucho hayan cacareado felizmente al presentarlos. Hasta tal punto son exiguos, de hecho, que Vargas Llosa terminó por decir no hace mucho que Cortázar iba a ser recordado no por Rayuela, sino por sus cuentos. Y de seguir así las cosas, lamentablemente, habrá que darle la razón.

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Pocos días atrás se me ha ofrecido la posibilidad de dar una charla, en petit comité,  sobre Rayuela. La he titulado «El libro más incomprendido de la era moderna». Y al preparar el material he vuelto a encontrarme con el final del capítulo 36: justo el último capítulo de la primera parte, “Del lado de allá”. Precisamente ahí, al final de ese capítulo, se encuentra un intercesor especialmente notable, no solo por su privilegiada situación, sino también por su particular formulación, muy completa; con todo, pertenece a ese resto de intercesores que yo finalmente no recogí en mi personal inventario. Este reencuentro ha sido para mí como un acicate, que me ha llevado a reconsiderar mi decisión de no escribir nuevo material. Este intercesor lo merece; y esta vez no voy a limitarme a reproducir el texto tal cual, como hice con la gran mayoría de intercesores, sino que voy a agregar algunos comentarios. Por enésima vez, volveré a repetir, insistir y demostrar lo mismo.

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La cosa empieza con una especie de introducción:

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Y porque se ha salido de la infancia (Je n’oublierai pas le temps des cerises, pataleó Emmanuèle en el suelo) se olvida que para llegar al cielo se necesitan, como ingredientes, una piedrita y la punta de un zapato. Que era lo que sabía Heráclito, metido en la mierda, y a lo mejor Emmanuèle sacándose los mocos a manotones (…), o los dos pederastas que no se sabía cómo estaban sentados en el camión celular

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Hasta ahora la atención se había centrado en Horacio y la clocharde Emmanuèle: pero de repente, no se sabe cómo, han aparecido en escena esos dos pederastas. En realidad sí que se sabe: por supuesto, los ha invitado Cortázar; pero lo ha importante es para qué lo ha hecho. Y la razón es porque ha considerado necesario, como colofón a la primera parte de su libro, y justo antes de pasar a la segunda, el repetir (ilustrar, subrayar, destacar, reformular…), por enésima vez más una, mediante un nuevo intercesor, esa idea tan fundamental y necesaria, tan imprescindible para comprender cabalmente su obra: nuevamente, que Rayuela tiene un segundo libro oculto en su interior. De eso mismo  estaba hablando Horacio antes de la aparición de los pederastas: a ello se estaba refiriendo, precisamente, con lo de llegar al cielo con una piedrita y la punta de un zapato; pero ahora Cortázar va a transformar esa piedrita y esa punta de zapato en un tubo de latón y un fósforo. Aunque antes:

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Il est beau –dijo uno de los pederastas, mirando a Horacio con ternura–. Il a l’air farouche.

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Estas dos breves observaciones hechas por el nuevo personaje tienen el propósito de introducir la particular forma literaria de lo que sigue a continuación: una descripción metafórica de la propia obra en que nos encontramos. O sea, una ékfrasis (para una mejor comprensión del uso de la ékfrasis en Rayuela, véase mi artículo “La palabra jamás mencionada por los críticos de Rayuela”.) Y ahora, una vez realizada la introducción, se entra por fin en materia:

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El otro pederasta había sacado un tubo de latón del bolsillo y miraba por un agujero, sonriendo y haciendo muecas.

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Ahí lo tenemos: ese tubo de latón es una metáfora del libro de Rayuela; y el pederasta, a su vez, es una metáfora del lector activo y cómplice del libro. Este lector sonríe y hace muecas porque –precisamente por su calidad de lector activo y cómplice– ha entrado en un estado de conciencia diferente al ordinario: el entusiasmo.

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El pederasta más joven le arrebató el tubo y se puso a mirar. “No se ve nada, Jo”, dijo.

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Ha entrado ahora en escena el tercero excluido (Vargas Llosa sabe a qué me refiero: véase mi artículo titulado “Una conversación llamada Rayuela”): es decir, el lector pasivo. Se trata de ese lector que, pese a tener el texto ante sus narices, no ve absolutamente nada.

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“Sí que se ve, rico”, dijo Jo.

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Frente a la negación del lector pasivo, el lector activo y cómplice realiza una afirmación categórica: no duda ni un solo momento, porque él ya ha visto lo que hay (es decir: el Almanaque; el Disculibro; el libro insólito.) Pero el lector pasivo persiste en la negación:

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“No, no, no, no.”

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Según el lector pasivo, aquí no hay más que un tubo de latón (es decir: una novela). Y en este punto cabe decir que la palabra de Cortázar, lamentablemente, adquirió carácter profético: porque esto mismo –No, no, no, no– es lo que lleva repitiendo la recepción de Rayuela desde 1963 hasta ahora: ¡según todos, este libro no es más que una novela! Cortázar sabía hasta qué punto es poderosa la Gran Costumbre. En todo caso, ante tanta terquedad, ante tanta contumacia, el lector activo vuelve a contradecirle:

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“Sí que se ve, sí que se ve”

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Esta insistencia y repetición del lector activo representan metafóricamente las análogas insistencia y repetición en Rayuela de un único mensaje a través de los intercesores. Una vez tras otra se van repitiendo las afirmaciones categóricas en el texto del libro: tras la fachada hay un misterio (cap. 97); y esto es despedida, grito y muerte (cap. 79); una luz pasa por el agujero en el muro (cap. 66); etcétera (véase el artículo “Intercesores, 2ª recapitulación”). Y ahora, a continuación, el lector activo aporta una nueva formulación de la misma idea, distinta a todas las otras, tal como todas son distintas entre sí, y poniendo en evidencia de este modo el particular recurso literario que Cortázar usó para plasmar esos intercesores: la expolitio, o exergasia (repetición de una misma idea en formas siempre distintas).

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look through the peephole and you’ll see patterns pretty as can be.

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Vayamos por partes: Mira –se trata aquí de una cuestión de percepción, tal como sucede con la lámpara con hojas secas del cap. 84– por el agujero –dicho de otro modo: encuentra la baldosa exacta (cap. 19) que te permitirá acceder al contenido oculto– y verás –no hay que imaginárselo, ni inventárselo, ni co-crearlo: ese contenido ya está ahípatrones –tal como se dice en el cap. 99 del Manuscrito de Austin, el libro oculto consiste en la repetición diversa de un único episodio– en la belleza de su ser –es decir, en su auténtica naturaleza, despojados de su envoltorio metafórico–.

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“Es de noche, Jo”.

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Cortázar se lo temía: por mucho intercesor que él añadiera, por mucha repetición que esgrimiera, por mucha expolitio y exergasia que empleara en el asunto, el lector pasivo no iba a ver en Rayuela nada más que lo inmediato.

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Jo sacó una caja de fósforos y encendió uno delante del calidoscopio.

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El lector cómplice tiene que ser un lector activo: ese fósforo que enciende Jo es una metáfora de esa actividad que el lector de Rayuela debe aportar para llegar al fondo de sentido del libro. Con esa actitud activa –que es una actitud decidida de búsqueda– ese tubo de latón (esa novela, para el lector pasivo) se convierte definitivamente en lo que es realmente: un calidoscopio (un libro luminoso: un libro iniciático).

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Chillidos de entusiasmo

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He aquí el quid de toda la cuestión: el entusiasmo. Pero ¿quién está dispuesto a desplazarse, a desaforarse, a descentrarse, a descubrirse? (cap. 97) Por lo que me toca, me pregunto si alguna vez conseguiré hacer sentir que el verdadero y único personaje es el lector, en la medida en que algo de lo que escribo debería contribuir a mutarlo, a desplazarlo, a extrañarlo, a enajenarlo (cap. 97, de nuevo). ¿Será ya la hora de inventar el verdadero entusiasmo que los inteligentes de la tierra ahogan con razonables sensateces? (cap. 147)

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Y luego, un poco más adelante:

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Todo estaba tan bien, todo llegaba a su hora, la rayuela y el calidoscopio, el pequeño pederasta y mirando, oh Jo, no veo nada, más luz, más luz. (…) la gente agarraba el calidoscopio por el mal lado, entonces había que darlo vuelta con ayuda de Emmuèle y de Pola y de París y de la Maga y de Rocamadour (…) y algún día alguien vería la verdadera figura del mundo

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¿Resulta necesario añadir algo más?

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11 de abril de 2017

Intercesores (...75, y hasta aquí)

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Intercesor: 
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pasaje en el que Cortázar alude a la existencia de un otro lado del texto, su contraparte esotérica: la cara oculta de Rayuela
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(75)
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Rayuela, capítulo 19
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Ando por una enorme pieza con piso de baldosas y una de esas baldosas es el punto exacto en que debería pararme para que todo se ordenara en su justa perspectiva. “El punto exacto”, enfatizó Oliveira, ya medio tomándose el pelo para estar más seguro de que no se iba en puras palabras. “Un cuadro anamórfico en el que hay que buscar el ángulo justo (y lo importante de este hejemplo  es que el hángulo es terriblemente hagudo, hay que tener la nariz casi hadosada a la tela para que de golpe el montón de rayas sin sentido se convierta en el retrato de Francisco I, o en la batalla de Sinigaglia, algo hincalificablemente hasombroso)

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1 de abril de 2017

Intercesores (2ª recapitulación)

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El texto de Rayuela está plagado de ambiguas alusiones a lo que podemos expresar, en síntesis, como «El otro lado de…». ¿A qué se refiere Cortázar con ello?
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En la visión común del libro hay, preferentemente, dos posibilidades. De una parte, se trataría de dejar la cuestión abierta, sin resolución, a posta, para apuntar a la existencia de otros planos posibles de la realidad. De la otra, se trataría de que cada cual termine el sintagma como desee, libremente, completando creativamente el sentido del libro. Metafísica de la indeterminación, estética de la libertad: así se ha entendido mayormente la gran obra de Cortázar.
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Para la Teoría del Entusiasmo, ambas posibilidades, por más atractivas que parezcan, constituyen en realidad rémoras, lastres que nos mantienen anclados en las coordenadas mentales del «lector pasivo»; obstáculos, por lo tanto, en el camino que lleva al propósito último, iniciático, de Rayuela. Para nosotros, esas alusiones a un «otro lado de…» tienen un referente determinado y concreto, apuntando a la existencia del otro lado del texto: es decir, al libro oculto. Esas alusiones son los «intercesores», los mediadores entre la fachada del libro y su contenido profundo.

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Más abajo les ofrezco una lista de todos los intercesores que se han visto en estas páginas. Se incluye el nº 75, aunque éste no se verá hasta el próximo día (con ello se cerrará el blog, pues nada más tengo que agregar ya a una Teoría del Entusiasmo que ha venido desplegándose durante prácticamente siete años). Previamente, a guisa de colofón, quisiera compartir con ustedes unas últimas reflexiones: 
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El mejor argumento
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Digamos que el mundo es una figura, hay que leerla. Por leerla entendemos generarla. ¿A quién le importa un diccionario por el diccionario mismo? Si de delicadas alquimias, ósmosis y mezclas de simples surge por fin Beatriz a la orilla del río, ¿cómo no sospechar maravilladamente lo que a su vez podría nacer de ella?
Rayuela, cap. 41
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El conjunto de los diferentes intercesores es sin duda el argumento más claro, profuso, directo y convincente de cuantos hemos esgrimido sobre la existencia de un libro oculto dentro de la mayor obra de Cortázar. Al fin y al cabo, aquí es el mismo autor quien habla: ese libro oculto, que nosotros hemos denominado mayormente el Rayuela insólito, es el misterio tras la fachada (intercesor nº 5); es despedida, grito y muerte (nº 11); es la verdadera realidad de la obra (nº 58), etcétera. En mi opinión, a partir de ahora el asunto debería aparecer, definitivamente, como una posibilidad digna de ser tenida en consideración.
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¿Acaso Cortázar no lo dijo?
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Cuántas palabras, cuántas nomenclaturas para un mismo desconcierto
Rayuela, cap. 2
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Nuestro propósito inicial era mostrar cuántas veces lo dijo nuestro autor y cuántas metáforas –siempre distintas– utilizó para ello. Finalmente, debo confesar que el cómputo no es del todo exhaustivo; aún quedan intercesores en el tintero. Pero no he creído necesario continuar, pues lo realmente importante queda cumplido con creces: demostrar que Cortázar no sólo lo dijo, sino que además lo repitió, y muchas veces, de una manera perfectamente calculada. Repetición obsesiva de una espiral temblorosa, reza el capítulo 66, con un ritmo semejante a las que adornan la stupa de Sanchi.
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Una ambigüedad contrarrestada
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Las alusiones de Morelli a la inversión de los signos, a un mundo visto con otras y desde otras dimensiones, (…) los exasperaba al tenderles la percha de una casi esperanza, de una justificación, pero negándoles a la vez la seguridad total, manteniéndolos en una ambigüedad insoportable
Rayuela, cap. 141
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Cuando los tomamos por separado, cada uno de los intercesores resulta quebradizo, vago, controvertible. Y es que todos están marcados por la ambigüedad, a veces con un carácter fuerte, otras con un carácter más tenue. No obstante, la desambiguación de cada uno se logra gracias a la redundancia generalizada: tomados en conjunto, como  un haz de juncos, su mensaje común adquiere una enorme resistencia. Es la redundancia lo que nos permite adivinar como una transacción, un procedimiento (cap. 95) que apunta siempre, indefectiblemente, en dirección al Disculibro.

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La primera tarea del lector activo y cómplice

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Los puentes entre una y otra instancia de esas vidas tan vagas y poco caracterizadas debía presumirlos o inventarlos el lector
Rayuela, cap. 109
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La recopilación de los intercesores pone de manifiesto dos voluntades aparentemente contrarias: la de decir, por un lado, y la de ocultar, por el otro. ¿Por qué el autor no abordó nunca el asunto de un modo directo, abierto, explícito? ¿Por qué siempre usó metáforas oscuras, enigmáticas y misteriosas, para referirse a ello? La razón estriba en la consigna ya señalada aquí diversas veces: cada uno debe descubrir por sí mismo que en Rayuela hay un jardín secreto. Éste es un filtro que el escritor consideró imprescindible: Primero hay que plantearse el enigma (intercesor nº 49) y después resolverlo.

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Esquema general de los intercesores
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Primera columna: La cifra indica el número de orden del intercesor tal como se ha establecido, arbitrariamente, en nuestro cómputo. Pulsando encima del dígito se enlaza con el pasaje correspondiente en su forma completa.
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Segunda columna: Cuando proceden del libro mismo, los intercesores se señalan como R (x), donde R significa Rayuela, y (x) el número de capítulo. Pero también hay estas otras fuentes:
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MA (x): Manuscrito de Austin y número de capítulo;
CB (x): Cuaderno de Bitácora y número de página;
Carta: extracto de la correspondencia de Cortázar;
Maga: “La Maga”, episodio descartado procedente del Cuaderno;
PenH: relato “Los pasos en las huellas” (Octaedro, 1974).

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Las tres columnas restantes siguen el mismo esquema tripartito que establecimos en la 1ª recapitulación: Lo manifiesto muestra los ítems relativos a la cara visible del libro, a su lado novela; El pasaje muestra la conexión entre las dos instancias; y Lo oculto presenta las referencias a la cara oculta.

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Origen


Lo manifiesto

El pasaje

Lo oculto
1
R 79
En un texto desconcertante
…se insinúan…
…valores más altos
2
R 79
En el desarrollo convencional…
…murmuran…
…rumbos más esotéricos
3
R 79
Escritura demótica…
…con un vago reverso de…
…escritura hierática
4
R 79
En el acaecer trivial…
…se presiente…
…una carga más grave
5
R 79
Una fachada…
…con puertas y ventanas que dan a…
…un misterio
6
MA79
De la flaca anécdota…
…ser capaz de saltar a…
…las aguas primordiales
Carta
Frases que no significan nada…
…van precipitando…
…la historia en sí
Donde dice A y B…
…en realidad se habla de…
…C y D
8
R 66
En un impedimento…
…un ojo sensible descubre…
…el hueco entre los ladrillos
En un muro de palabras…
…la luz que pasa
En una barrera…
9
R 56
Esto…
…sospechar que no es así

-
Llegar realmente a…
…el corazón del alcaucil
Lo que estás viendo…
…hay que empujarlo.
-
MA 41
Esto que acepto como la realidad…
…no puede ser
-
Esta vitrina arreglada
-
-
Lo que está sucediendo…
…no es

-
…tiene que reconsiderarse

…tiene que rechazarse
R 97


Un dibujo en la pared…
…donde debería haber…
…una despedida

Una caña de pescar…
…en vez de…

…un grito

Un trío para mandolinas…
…resuelve…
…una muerte
MA 97
Una botella de tinta…
…donde debería haber…
…una mano

Un banco de jardín…

…donde debería haber…
…una despedida

Una planta de lechuga…
…en vez de…
…un grito
Carta
[Rayuela…]
…ha sido enfocada como…
…The Moonstone de Wilkie Collins
…repetición de un episodio
MA 99
[Rayuela…]
…va más allá de…

…The Moonstone
…repetición de un episodio
a la manera de Collins
Planchas y colores…
…se componen como…
…una tricomía
MA 54
La baraja…
…funge alterar…
…una sola carta
Las distancias y las estaciones…
…se funden en…
…una sola imagen
El abanico…
…se cierra en…
…un bastoncito
R 45
Los cuadros…
…muestran, siempre mal, siempre desde abajo o de costado…
…la misma mancha,
el mismo coágulo
R 16
El tema de descripción…
...accede a…
…figura, signo
R 54
El lenguaje en su clave corriente...
...no permite saber…
…el verdadero nombre
 del día
R 28
Una carta de tarot
-
[lo simbolizado]
Algo que resolver

-
[lo resuelto]
Un poliedro con un sentido inmediato y falso…
…se integra en…
…el sentido mediato,
la revelación
Brahms, Ossip, los golpes en el techo, Horacio…
…se encaminan  lentamente hacia…

…la explicación

R 45
Talita y Traveler…
…son utilizados por…
…algo
…están como habitados [por]…
R 47
Talita…
…está habitada [por]…
[algo]
R 47
Cubrecama,cubretetera, cubre cualquier cosa: cosas hechas para…
…poner encima de…
…¿qué?
R 51
Horacio, Talita y Traveler…
…son vampiros.
-
…están unidos por…
…un mismo sistema
-
Hay que abrir los ojos
-
R 52
[El relato de Horacio…]
…debe hacer sospechar…
…el sentido
R 54
Talita y Horacio…
…se alcanzan desde…
…otra parte
Talita y Horacio…
…son gólems de…
..sus dueños
R 56
El asesino…
…no es
-
El territorio…
…no es
-
R 84
-
Adivinar…
...hojas y lámparas invisibles
Sentir…
…el aire fuera del espacio
Paravisiones
-
Aptitud para salirse, para aprehenderse desde…
…otro plano
Yo [Horacio]…
…soy…
…alguien que me está viviendo
R 55 y 133
De todo eso…
…nace…
…una explicación
…un contagio desde lo hondo
…un balbuceo
…una sospecha
…un anuncio
R 133
Bajar…
…no es como bajar
-
R 36
La anécdota…
…da a entender…
…el mensaje más penetrante y no escrito
del Oscuro
La voz de los discípulos…
dice finamente…
MA 141
Los pasajes publicados…
…remiten a…
…un pasaje inédito
R 109
El dibujo Gestalt…

…induce a trazar imaginativamente…
…la figura completa


-
Lo más importante, lo que realmente cuenta son…
…las líneas ausentes
R 62
El grupo dramático
…se halla atado y desatado por…
…los niveles subliminales
R 99
El soma, el tiempo, el antes y después…
…pero…
…detrás, detrás
Todo eso…
…solo tiene sentido por…
…un  detrás
R 31
-
Cristalizar
-
-
Comprensión ubicua y total de…
…las razones de ser
El calidoscopio, la rosa polícroma…
…son entendidos como…
…figura, Imago mundis
R 18
Todo eso…
…es pensable como una extrapolación de…
[¿…?]
El Club,
Cold Wagon Blues,
el amor de la Maga, cada piolincito, cada títere…
…son entendidos como…
…otra realidad inalcanzable
…son símbolos de…
…son potenciadores de…
…son líneas de fuga hacia…
R 18
Todo eso…
…es extrapolable a…
[¿…?]
Todo eso…
…en el fondo no es
-
De todo eso que está ahí…
…ahincar, morder
arrancar hasta el hueso, saltar a…,
entrar por una puerta a…
…no se sabe qué
..un cigarra de paz
…un grillito de contentamiento
…un jardín alegórico
…un mandala alegórico
R 48
Manú, el circo, el loquero, todo…
…es significativo…

[¿de…?]

-
Extrapolar

-
Hinevitable hextrapolación
R 12
-
Intercesores
-
Una irrealidad…
…muestra…
…otra irrealidad
Los santos pintados…
…muestran…
…el cielo
Esto…
…no puede ser
-
Nosotros…
…no estamos realmente aquí
-
Alguien llamado Horacio…
…no puede ser
-
R 12
-
Intercesión
-
-
Acceso por las ilusiones a…
…una zona inimaginable
CB 137
Los dibujos de las alfombras…
…cifran…
…el sentido esotérico
…el sentido perdido
…el sentido no entendido
PenH
Invenciones
Indagación
Crítica sistemática
Artículos laudatorios
Lirismo sin ideas
Iconografía satisfactoria
Anécdotas
Fotos borrosas
Vida y obra del poeta
Leyenda
Obra de Romero
Pensar seriamente
Sentido personal y profundo
Claves oscuras
Intenciones evasivas
Prestigiar
Misterio
Irene Paz
Nada se sabe de…
…Susana Márquez
Los fragmentos del mosaico…
…se insertan bruscamente en una…
…composición total inesperada
-
Revelar
-
La ignorancia y mojigatería…
…no sospechan…
…el drama
“Oda a tu nombre doble”
[…¿metáfora de…]
[…Rayuela?]
-
Silencio
Libertad
Nuestra vida

Carta
Literatura habitual
-
Contranovela
Un ternero blanco…
[…enmascara…]
…un unicornio resplandeciente
Carta
Una “novela inteligente”
Lo que cuenta de verdad son…
…las subyacencias
Carta
Novela
Se intuye …
…la búsqueda metafísica
Carta
Certains fragments…
-
…touchent…
…autres plans
Vision d’un…
…autre ordre de réalité
R 104
La vida…
…es comentario de
…otra cosa que no alcanzamos
-
Al alcance de…
…el salto que no damos
R 141
Las páginas…
…apuntan a…
…otra cosa
…incitan a…
…otro sentido más hondo y escabroso
…son parábola abierta a…
[¿…?]
R 54
Estar de gris
Ingresar de alguna manera en…
Otra cosa
Última casilla
Centro del mandala
Ygdrassil vertiginoso
Ser de rosa
Playa abierta
Ahogarse en un río
Extensión sin límites
Noche de Buenos Aires
Mundo debajo de los párpados
Maga
-
Encrucijada sin esfinge y sin enigma
-
Primero hay que plantearse el enigma y después resolverlo
CB 71
Ajedrez
Sospechar…
…una segunda realidad
No es ajedrez
CB 81
Ciertos episodios…
…releídos bajo…
…una nueva luz
CB 87
Todos los datos de un momento…
…son extrapolables a…
…otro plano que se deja entrever
El mundo…
…es signo de
[¿…?]
CB 93
-
Ver o no ver…
…el Disculibro
R 142
-
Hablar con figuras
-
Acercarse a…
…lo perdido
…lo extrañado
CB 99
-
Anagogía
-
Interpretación mística
Absconditum clavis
CB 125
Lo que ocurre…
…es…
…otra cosa
R 28
-
Los avisos bajo la piel son…
…las comunicaciones verdaderas
R 99
-
Ya está aquí…
…el Yonder

Se siente…
Atreverse a
estirar la mano en la oscuridad hacia…
…la verdadera realidad
R 26 y 31
París…
…es…
…una enorme metáfora
Los disfraces, las figuras…

…se adivinan
…son sospechosas

-
-
Buscar una llave

-
Seguir mirando…
…lo que se dibuja en la oscuridad
El mundo…

…está lleno de…

…cosas extraordinarias

La alfombra
El dibujo representativo
[Lo representado]
R 86
Máquinas usuales
Conciencia analógica
La existencia interna
Ritmos inconcebibles
Razonamiento binario
Sustituir
La esencia de las cosas
Asimilar
R 102
Cosas triviales
Esforzarse por leer
Voces silenciosas
Objetos inanimados
R 110
Una espiral
Soñar
Temas repetidos
Un laberinto
Capas sin fin
R 152
La casa en la que vivo…
…se asemeja a…
…mi verdadero rostro
MA Cabecera
Bouteilles vides…
…jetter le lasso pour le soupirail…
…une cave très bien garnie
R 71
Este mundo…
[…envuelve…]
…otro mundo
El mundo…
…genera…
…un fénix
El oxígeno y el hidrógeno…
[…conforman…]
…el agua
Ciertas páginas del diccionario…
[…conforman…]
…un endecasílado de Garcilaso
R 74
Morelli…
está trabajado por…

..una libertad más secreta y evasiva

…apenas da cuenta de
…sus juegos
R 95
Contradicción interna
Apertura para los más avisados
-
Novela antinovelesca
Escándalo, choque
R 141
Un mundo suntuosamente orquestado…
…para olfatos finos…
…para una intuición más demorada…
…el metal noble
El nihilismo total…
…permite sospechar…
R 9
-
Mostrar…
…las únicas justificaciones de que estemos vivos
R 28
Un cuadro de Rembrandt…
…es ventana a…
…otra cosa
…es signo [de…]
R y MA 46
-
Tiene que suceder…
…esa cosa
Pedazos de dibujo…
…coagulan en…
…un precioso cristal
Nuestra relación…
…es…
…un hecho fuera de nosotros mismos
MA 49
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Presentir la apertura, una grieta, por donde una mirada quizás pueda filtrar, entender…
[¿…?]
R 124
Palabras, gente, cosas…
…liquidadas externa e internamente [en aras de]
…la misma cosa
MA 141
En lo supuestamente último…
…se debe sospechar…
…una caja más pequeña
R 19
Un piso lleno de baldosas…
…se ordena en su justa perspectiva en…
…el punto exacto
Un cuadro anamórfico…
…donde buscar…
…el ángulo justo
Un montón de rayas sin sentido…
…se convierte en…
…la batalla de Sinigaglia
…un retrato de Francisco I,
algo hincalificablemente hasombroso
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